Comoquiera que llegan los festejos de Navidad y siendo costumbre en el Reyno entregarse a todo exceso y a toda gula, séame permitida la bula de aconsejar el correcto proceder en los mismos. Otrosí, desearles toda suerte de alegría y alborozos con sus familias y compadres.

Más como sea que en aquestos festejos toda procacidad tiene su acomodo y toda lujuria de gasto su asiento, es menester aconsejar de forma breve y honesta, razones que vuesas mercedes entenderán sin demasiado esfuerzo, pues la bolsa no rezuma oro y los ánimos no están para prolijas expansiones, maguer que los dos Validos de su Católica Majestad, que aqueste año nos trujo, sean capaces de ordenar la res pública tal como sostienen desde su industriosos ingenios, si el Supremo Consejo de Flandes no dispusiera otro proceder con los caudales públicos. Sea pues consejo y no barrera.

 Yanten y liben cuanto quieran, más no olviden que la salud del cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Tengan tiento con los vahos del vino, que nubla el entendimiento y es mal amigo de la recta coyunda, amén de ser objeto de prosecución por la Santa Inquisición si vuesas mercedes toman riendas de carruajes.
 Sean otrosí, comedidos en las viandas que pongan a su mesa, que del lujo de Petronio no se hizo Historia y sí del austero espartano Leónidas. Haya pues en su mesa rojas codornices y espumen gallinas, olla de quebrantos y salsa de castañas, truchuelas del Reyno de Navarra y boletos del Pirineo, mazapán y buñuelos de La Mancha. Más eviten en su mesa infernales criaturas de los mares luteranos, salmones que llaman los herejes. Tampoco grotescas criaturas del Mar de Basconia y del Mar de Galicia, que son magras en sustancia y asaz sobradas en precio, repletas de patas, y con coraza de alabardero. Liben vino de la tierra de a dos reales el cuartillo y no aquesos de a cien, que dicen ser reserva y ni a tierna infancia llegan.
 Instruyan a sus vástagos en la buena compostura, evitando que en la Nochebuena arrojen artificios con pólvora a los buenos cristianos, así como que cabalguen a lomos de infames ruidos, llamados motociclos, perturbando el sosiego de la comunidad.
 Folguen con mesura, que a cierta edad el Ars Amandi precisa de buen hacer y mejor templanza. Cortejen los maridos a sus esposas con honestidad y sin rijo, y perdonen las esposas a sus maridos los pecadillos de vanidad viril.
 Hagan presentes a sus deudos y compañeros de fatigas de batalla, más no por obligación sino por sincera amistad, que más vale una quisicosa que las perlas de Oriente sin sana alegría.
 Honren la Pascua de Navidad con la cortesía, el buen trato y la justa palabra hacia sus vecinos, sean comprensivos con el menesteroso que clama por una hogaza de pan, y censuren con denuedo al poderoso que ostenta sus caudales sin rubor ni recato, a menudo sustraído a la res pública por jaques y matachines que de la hacienda de todos hacen bolsa propia
 Den albricias a quien se lo merezca, con la debida mesura, que algunos pueden creer ser más de lo que son, y es cosa sabida que el género humano es dado a la alabanza de sí mismo.
 Corrijan malas costumbres de esta Pascua, cuales son la contienda familiar por aquesto o por aqueso, por cuatro dineros de la hacienda común que han de repartirse a la muerte de los abuelos, o por las más fútiles razones.
 Hagan examen de conciencia del año que fallece, sobre lo que pudo ser y no fue, y hagan propósito de enmienda para el año que florece. Dejen al mal hábito tabacano, si fuera ese el caso, que traído de las Indias ahuma nuestros entresijos y nos adelanta la fecha de rendir cuentas a Dios.
 Piensen y recuerden a los desventurados del África, que usan ropas humildes, con más borra que seda, más sayas que jubones, caldo de nabos y casi nunca torreznos, cabezas donde toda fauna habita y niños descalzos y macilentos, que la flaqueza del estómago asoma por la faz.
 Sean pues, vuesas mercedes lo que siempre han sido y siempre serán, nobles damas e hidalgos de espíritu recio, altaneros ante el infortunio y modestos en el triunfo.

Benedictus qui venit in nomine Domini

Angel Calvo, en la Villa y Corte de Madrid, a diez y seis de diciembre del decimooctavo año del siglo veinte y uno.