En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.  Cabalgaba por la estepa castellana a la búsqueda de aventuras que le hicieran ganar fama y renombre, así como algún señorío o encomienda con el que ganarse el sustento, que no sólo de honra se vive, como le recuerda su fiel escudero. La del alba sería cuando nuestro hidalgo alcanzó las laderas meridionales de Sierra Morena, en el lugar que llaman Las Navas de Tolosa y allí acaeció que se toparon con una familia de labriegos, por más que a él le parecieran nobles castellanos. Usaban ropas humildes, con más borra que seda, más sayas que jubones, caldo de nabos y casi nunca torreznos, cabezas donde toda fauna habitaba y niños descalzos y macilentos, que la flaqueza del estómago asoma por la faz. El escudero miró con asombro a la mujer y a su hinchado vientre que ya prometía más miembros de la cofradía de la escudilla vacía y el cántaro seco. Todos lloraban compungidos, y a fe que lástima daban.

  •  Decidme, noble caballero, ¿cuál es la causa de vuestras cuitas? ¿Acaso un malévolo gigante ha derribado vuestro castillo? ¿Alguna hechicera ha maldecido el vientre de vuestras hijas y os ha privado de descendencia que perpetúe vuestra noble estirpe? ¿Un infame dragón ha marchitado vuestros campos? Decid, noble señor, decid, hablad buen castellano, hablad – preguntó el hidalgo
  • Sepa vuesa merced que soy de Belmonte, y he aquí mi familia. Mi mujer, que está encinta, es de La Torre de Juan Abad. Éramos labradores, y con mucha fatiga adquirimos una hacienda de la que conseguíamos cobijo y sustento. Unos usureros nos prestaron el dinero, y aunque era una muy alta cantidad, ellos me dijeron que la hacienda valía mucho más, y que por esa razón nada había que temer, que durmiera en paz con Dios. Poco después, hubo una tormenta y la cosecha se perdió; el Rey nuestro señor impuso más tributos para pagar las guerras de Flandes, y los usureros me exigieron el dinero, so pena de galeras. Les tuve que dar la hacienda y la casa.
  • Pues así, la industria quedó resuelta, que toda deuda se salda con el bien devuelto – afirmó ingenuamente el ingenioso hidalgo
  • ¡Ay, si vuesa merced supiera! – gimió el labriego – los usureros dijeron que la hacienda había perdido valor, y que mi deuda era mucho más alta; más los intereses. Y henos aquí, huidos de la Justicia, yo por escapar de galeras, y mis hijas por escapar de la mala vida a la que esos malandrines las querían llevar para cobrar su deuda. Que las querían vender como mozas de mancebía, y a mis hijos como mochileros del Tercio de Cartagena.

Nuestro hidalgo enrojeció de ira, apretó su lanza y perdiendo el aliento bramó:

  • Voto al Diablo, que esos bellacos pagarán cara su maldad. Y vuesa merced volverá a su castillo y verá como sus hijas se prometen a algún noble príncipe,  mientras vuestros hijos sirven al Rey como alféreces. – y mirando a su escudero, ordenó – Vamos, amigo, que hoy los siglos verán una de las más notorias contiendas sobre la faz de la tierra. Así lo mandan las reglas de la andante caballería. Es la usura el más nefando de los pecados, ya que roba hacienda y honor, al hombre le hace vil y a la mujer deshonesta.

El escudero, sabedor de las hazañas de su señor, remoloneó un poco, pero al fin espoleó al asno, que en un trotecillo alcanzó al rocín del hidalgo, lo cual no era ni gran mérito ni cosa insólita. Y trató de hacerle entrar en razón.

  • Sepa vuesa merced que las leyes del Rey Nuestro Señor amparan a los usureros, y que con el dinero que le prestan al propio Rey, éste ha de pagarles a esos mismos usureros los intereses. Y tanto aprietan los tributos reales que muchos míseros labriegos y pastores han perdido toda hacienda y se han alistado en los Tercios, donde la paga es escasa y la penalidad mucha, si es que la paga llega alguna vez. Y otros se han unido a los capitanes de Indias, quienes buscan un lugar llamado El Dorado, por el Pirú. Que vuesa merced no ignore cuán poderoso caballero es Don Dinero, amancebado con Doña Realidad.  

Pero el hidalgo y Doña Realidad no compartían mesa y pan, y de Don Dinero no se tenían noticias por aquestos pagos manchegos.

A unas leguas encontraron a un grupo de personas, de las cuales se diría que estaban celebrando una fiesta o una partida de caza. Unas tiendas se erguían entre los matorrales, y por la calidad de las telas, se colige que su bolsa estaba llena; seda veneciana, repujados berberiscos, plata turquesca y paño de Flandes. Como había mucha tez rubicunda, el hidalgo pensó que se trataba de luteranos, herejes enemigos de la Única y Verdadera Religión. También había en su compaña varias mozas del partido, y también efebos, ya que es sabido que los luteranos, ora prefieren ostras, ora gustan de los caracoles. Corría el vino y las viandas no escaseaban. La algarabía del estómago lleno y las prolijas libaciones movían al rijo y la zarabanda.

Nuestro Hidalgo se alborozó, ya que entendió que aquellas gentes eran los usureros, y se dispuso a hacerles pagar caro el mal que habían causado a la familia del castellano, o labriego, según su escudero se empeñaba en sostener. Clavó espuelas en los ijares del rocín, sin que este cambiara su cansino trote por ello, asió la lanza y protegió su pecho con la adarga, no sin antes calarse la celada de su desvencijado yelmo. Y gritando se abalanzó sobre los de la partida de caza.

  • ¡Bellacos, Mancornados, Follones, Malandrines, Retambuferos, Mamporreros, Josperra, Hideputas, Mostrencos, Marranos, Jaques, Rufianes, Sodomitas, Sarracenos, Bergantes, Filibusteros, Descomulgados, Descapullamonos, Ganapanes, Destripaterrones, Raspahígados, Comerraspas, Gargantúas, Pantagrueles y Soplahigos! Rendíos ante el Caballero de la Mancha, y retornad vuestro botín a su legítimo dueño, o vuestras entrañas probarán el acero de mi espada vorpalina, fundida al temple con la misma Tizona.  
  • Tenga tiento vuesa merced, que son gente de fierros y de mojada presta– apuntó el escudero con aprensión, pues ya había visto varios arcabuces entre los usureros y muchas espadas toledanas y algún que otra daga vizcaína. Y para más ansia, no faltaban ni los mastines ni los molosos de dientes como gumías.

Los arcabuceros cebaron las cazoletas y dejaron caer los plomos en el ánima. Las mechas ya ardían.

  • Señor, que nos hacen menudillos, detenga vuesa merced este dislate.
  • ¡Ay, ignorante, que desconoces las reglas del combate! No se usan armas de fuego, sino noble acero.
  • Vuesa merced es quien ignora que esos de ahí no son caballeros, a pesar de sus ropas, y sus bolsas llenas. Que nos dan los santos óleos esta misma tarde si vuesa merced no se detiene y este hijo de su madre no tiene prisa por conocer a Dios en persona. O al Diablo, que nunca se sabe….

El usurero, que parecía ser el capitán de la hueste, retrocedió para refugiarse detrás de los arcabuceros, y dijo algo que nuestro hidalgo no entendió, algo así como: “Wat is dat?”, que sin duda era la parla de los herejes de Flandes, y sin duda la hablada por Lucifer en su corte infernal. También las mozas se escondieron, guiadas por un soldado armado con una alabarda, entre gritos y lamentos.

A eso de unas varas de distancia, el capitán usurero gritó: “¡Brand!”.

Una rociada de plomo cayó sobre nuestro hidalgo. Algo después, rocín e hidalgo cayeron al duro suelo de las Navas de Tolosa. Allí mirando al cielo entregó su alma al Altísimo, mientras los alabarderos molían a palos y puñadas al escudero. El capitán usurero miró el cadáver, diciendo: “¡¡¡Gek!!!”, y tomando por la cintura a una de las mozas se dispuso a gozar del ars amandi.

Noticias InfoNY, 2019, Abril 17º (traducción by Translations & Fraud Ltd): Un atempto de ataco terrorista ha tomado lugar hoy en Wall Street. Cuando la Tabla de Administración del Banco Theft & Robbery celebraba el torno a proficios, tras el rescate-plan con público dinero y que permitió altos bonos pagar a miembros de la Tabla, un perturbado atacó les con una espada. Los guardacuerpos chutaron sus cañones de mano y el atacador fue muerto. Alonso Quijano, de hispánico origen es su identificación. Su compadre, también hispánico, ha sido arrestado con severas injurias ocurridas en la lucha. Su nombre es Sancho Panza.