Posición “Yuste” (Elda, Alicante), marzo de 1939

  • Modesto, váyase a Madrid y controle la situación en el Ejército del Centro. Queda ascendido a general de división.
  • A sus órdenes, señor presidente.

Juan “Modesto” Guilloto llegó a Madrid horas después, desarticuló el golpe de estado que perpetraban Casado y Besteiro, y tomó el mando. Franco, contrariado al ser informado de los hechos en Burgos, ordenó una ofensiva para acabar con la guerra de una vez por todas.

A primeros de abril cien mil soldados del Ejército Nacional avanzaron sobre Madrid desde la Casa de Campo y otros tantos sobre Valencia desde Sagunto. Tres meses de feroces combates quedaron en tablas. La defensa republicana era muy correosa y la ofensiva nacional tuvo bajas inasumibles. Ya en Julio, Franco recibe una mala noticia de Berlín. El Führer se ha cansado de gastar dinero y medios en una guerra inacabable. La ayuda se terminó, y la Legión Cóndor se retira de España. Mussolini no le dice tan claro, pero hace lo mismo. El Ejército Nacional pierde dos de sus mejores bazas: el apoyo aéreo alemán y el marítimo italiano.  La Luftwaffe y la Regia Marina.

El verano transcurrió con cierta calma en ambos bandos. Pero, en agosto, la noticia del acuerdo germano-soviético desconcertó a todos. ¿Somos aliados de los rusos, se preguntaron en Burgos? ¿Somos aliados de los nazis, se preguntaron en Madrid? ¿No sería el momento de negociar un armisticio, se preguntaron en ambos sitios, pues sin la ayuda exterior, alemana, italiana o soviética, no somos nada?

El 1 de septiembre Polonia es atacada por Alemania y semanas después por la URSS, por si hubiera dudas de la naturaleza del Pacto Molotov-Ribbentrop. En España nadie sabía que hacer, pero en forma intuitiva, Negrín razonó que le hacían falta otros aliados. El PCE ya no era necesario para traer armamento. Stalin también había cortado el grifo. Hubo una aproximación con éxito a los EEUU, gestionada por Salvador de Madariaga. Roosevelt y el Partido Demócrata eran abiertamente anti-nazis, pero tampoco era bolcheviques, por supuesto, de forma que sin muchos excesos decidieron aportar ayuda a la agónica República. No mucho, pero suficiente para aguantar hasta que la situación se clarificase. Con Francia e Inglaterra ya en guerra, el conflicto español se entendía de otra manera, y también apoyaron a la República. Franco se encontró sin ayuda exterior, y con la abierta hostilidad francesa. Como medida preventiva, la Royal Navy ocupó las Canarias para evitar que los alemanes las usaran como base de submarinos, y Francia ocupó el Valle del Ebro y el Protectorado de Marruecos, como aviso para Franco. La República, presionada por los Aliados declaró la guerra a Alemania, lo cual dada la lejanía de los frentes de guerra tuvo pocas consecuencias, excepto el uso de puertos del Mediterráneo para buques ingleses y franceses. Negrín y e PSOE se hicieron socialdemócratas, y el PCE despareció del gobierno. Muchos presos nacionales fueron liberados y entregados a la Cruz Roja, como señal de buena voluntad. En la zona nacional no se liberó a nadie, Franco estaba acosado por sus propios generales, ya muy nerviosos ante la perspectiva de una derrota.

En enero de 1940, un rearmado Ejército Republicano, con el visto bueno de París y Londres, inició una ofensiva en el Alto Ebro, con la ayuda logística del Ejército Francés, y avanzó hasta el Duero, tomando Burgos y Santander. En el Sur, la Royal Navy ayudó a un desembarco en Cádiz, que puso en pánico a Queipo de Llano, quien abandonó Sevilla para refugiarse en Portugal. A Franco solo le quedaba parte de Castilla la Vieja y Galicia. Muchos de sus “incondicionales” se estaban pasando al bando republicano, especialmente tras la amnistía decretada por Negrín, una condición impuesta por los Aliados.

Así pasaron los meses, en la llamada “guerra de broma”, hasta junio de 1940, cuando Francia se rinde ante el ataque alemán por Las Ardenas belgas. Franco, arrinconado en Galicia y León, cree que ahora las cosas pueden cambiar, y ofrece al Führer entrar en guerra a su favor. El Almirante Canaris y Ramón Serrano Súñer ultiman el acuerdo, y a finales de julio diez divisiones de la Wehrmacht cruzan Hendaya y llegan a Zaragoza sin problemas. Medio millón de soldados franceses refugiados en España y un millón de soldados españoles republicanos son arrollados por tierra y aire. Italia declara la guerra a los Aliados, y a la República Española también. Las Baleares son ocupadas por los italianos, con grandes pérdidas ante la resistencia de la Marina Republicana.

En agosto, los alemanes ya han conquistado Gibraltar y dominan el Estrecho. Los paracaidistas saltan sobre el antiguo protectorado y las tropas francesas, fieles a Vichy no oponen resistencia.  El Mediterráneo está cerrado para Inglaterra, y los suministros de la India no pueden acortar por Suez, tendiendo que dar la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza. Inglaterra está vencida, virtualmente. El ejército alemán ocupa el resto de España, Negrín y su gobierno escapan hacia Londres desde un submarino británico en Alicante, y Franco es nombrado Caudillo por los alemanes, que crean en España un estado títere, al estilo del de Vichy. La Gestapo se instala cómodamente en Madrid y Barcelona, limpiando el país de elementos adversos. Judíos pocos encontraron, comunistas algunos.

En septiembre, la Batalla de Inglaterra llega al momento cumbre. La Royal Air Force se queda sin combustible, al estar bloqueado el Estrecho de Gibraltar y no poder traer crudo desde Oriente Medio. Además, el hambre empieza a hacer mella en la isla. El 1 de octubre de 1940, en Lisboa, se firma la rendición condicional entre el Reino Unido y Alemania. Hitler no ha querido ser muy brutal, y las condiciones son honrosas. Además, el inmenso Imperio Británico puede no respetar la rendición, y la India y otros territorios pudieran ser hostiles. El Rey Eduardo VIII recupera el trono, y su hermano Jorge VI debe exiliarse a Canadá, junto a Churchill. Alemania ocupaba parte de Oriente Medio para asegurarse el suministro de petróleo, Suez pasaba a ser administrado por una coalición internacional, liderada por Alemania, Italia conseguía algunos pocos territorios en África, para frustración de Mussolini, Francia recuperaba la soberanía, presidida por Petain y abiertamente pro-nazi. España no consigue nada, ni siquiera Gibraltar que pasa a ser una base aeronaval alemana.

Franco es muy cuestionado por los suyos, pues todos ven que Hitler se ha aprovechado descaradamente de los españoles, quienes además deben entregar la producción de wolframio como pago por la ayuda, y casi todo el trigo, sumiendo a los españoles en el hambre.

La situación en España es horrible. No hay casi infraestructuras, cinco años de guerra han devastado todo. La desnutrición está causando estragos y las enfermedades más leves son mortales. Pero nadie se subleva, están agotados.
Los alemanes, con cautela, van ocupando Oriente Medio, y crean una especie de República Árabe Unida, con Irak, Siria, Egipto y Jordania. Se aseguran el petróleo, pero sin acercarse mucho a Irán, para no alertar a Stalin. Las tropas alemanas del Asia Korps se detienen en el Golfo Pérsico. A Stalin le tienen reservada otra sorpresa.

A primero de mayo de 1941 la URSS es invadida por la Wehrmacht, con la ayuda de un ejército multinacional: italianos, españoles, rumanos, húngaros, franceses e ingleses. Todos quieren acabar con el comunismo. El ataque tiene dos frentes. Uno, el principal, a través de Bielorrusia, directos a Moscú y Leningrado. El otro a través del norte de Irak y de Irán para ocupar la Transcaucasia y en especial los pozos petrolíferos de Bakú. Así consiguen más petróleo y dejar a los soviéticos sin él.

Con escasez de combustible, el Ejército Rojo cede terreno, y en Agosto Moscú ya es alemán, así como Leningrado, que vuelve a llamarse San Petersburgo. Stalin y su gobierno se escapan y se hacen fuertes más allá de los Urales, en Siberia Occidental. Ekaterimburgo es la nueva capital de lo que queda de la URSS.

De esta forma, en solo dos años, Alemania se extiende desde el norte de Francia hasta los Urales, y desde el Ártico hasta el Mar Caspio. Hitler se deja ver entre multitudes en París, Londres, Roma y hasta se permite un viaje a Nueva York, donde un distante Roosevelt cumple el protocolo si mucho entusiasmo. Las protestas de la comunidad judía se enfrentan a un naciente movimiento nazi norteamericano que comienza a tomar fuerza.

En el otro lado del mundo, Japón no se atreve a llevar a cabo el ataque minuciosamente planeado a Pearl Harbor. Sin Alemania de su parte (ahora no le hacen falta a Hitler para nada) y aproximándose a EEUU, comenzar un ataque sería inútil. Con humildad oriental deciden intensificar sus relaciones con Alemania y conseguir que les vendan petróleo a precios moderados.

Respecto a los judíos, la “Solución Final” se pone en marcha. El plan de habilitar un gran “ghetto” en Madagascar es posible. Más de 6 millones de judíos europeos son trasladados a la isla y muchos mueren en el viaje asfixiados en las bodegas por el calor tropical.  Pero muchos llegan a aquella tierra extraña, y se ponen manos a la obra para subsistir. Lo consiguen.

El régimen de Stalin en Siberia dura poco. Sin recursos y con deserciones notables, se hunde a final de 1942. Stalin es asesinado por sus “amigos”, quienes abren las puertas a los alemanes a cambio de trato razonable. El Reich llega ya hasta el Pacífico. Por último, Hitler decide ayudar a Chang Kai Chek en China, en su lucha contra los japoneses y contra los maoístas. A los primeros los convence de abandonar China, a cambio de acuerdos comerciales, y a los segundos los masacra con sus armas futuristas. China ya es otro satélite alemán.

El mundo ha quedado repartido entre dos superpotencias: La Gran Alemania y los EEUU. Pronto estallará otra guerra, la “Fría”. En 1945 científicos alemanes logran explotar la primera bomba atómica, el Proyecto Postdam. Y poco después Von Braun consigue lanzar un V-4, misil intercontinental, desde Peenemunde hasta Siberia Central. Los EEUU tienen un nuevo presidente, Wallace, de convicciones anti-nazis muy marcadas. Las relaciones entre Alemania y EEUU se enfrían, y llegan a la ruptura en 1949.

En España las cosas como siempre. Alemania daba migajas a cambio de extraer muchos recursos, y cientos de miles de trabajadores que emigraban allí. Franco fue depuesto por Hitler en 1952, harto de sus demandas continuas, y sustituido por un joven falangista, Manuel Fraga, quien gobernó hasta 1989, cuando el III Reich se hundió, y muchos países recobraron la libertad y la democracia.

En la realidad: Negrín no se atrevió a plantar cara a Casado, y nunca envió a Modesto a Madrid.