El concepto de “low cost” ha llegado para quedarse, y hasta nos parece gracioso y moderno. Consiste básicamente en bajar el precio del producto o servicio hasta extremos imposibles. La contrapartida no es una sorpresa: la calidad del servicio baja, y a menudo está lleno de trampas.

El ejemplo más representativo y conocido son los transportes aéreos (Ryanair como arquetipo) y ahora Renfe (con su último invento del EVA, o anti-AVE). Se supone que puedes viajar a Londres por una cantidad ridícula, digamos 40 €. A cambio asumes ser gestionado como bulto y un tanto apabullado por la tripulación de cabina, que se cree con plena autoridad para tratarte como a su erróneo sentido del humor le plazca. Cuentan con la complicidad de mucho ejecutivo aficionado que divulga en sus reuniones cerveceras de la tarde que ha conseguido el mejor precio usando extrañas carambolas de compra de billetes.

Asumes el trato a veces degradante, incluso te parece justo que si no viajas con las manos en el bolsillo te cobren por llevar un laptop, una pequeña bolsita con un cepillo de dientes y kit de afeitado o bien por no llevar la carta de embarque impresa o en el móvil; y pagar 10 € por una triste cerveza con saladitos. Los Directores de Recursos Humanos presumen de ahorrar ni se sabe de euros con el uso del “low cost”, unido a esa extraña psicopatía que consiste en humillar al ejecutivo: “Estos ya no viajan en business, se van a enterar”.

Pero la calidad queda intacta, en el caso del transporte aéreo se llama seguridad y puntualidad. Ningún vuelo de “low cost” es menos seguro que uno de Emirates en “first class”. Sin embargo, hay que entender que el “low cost” es para el cliente, y debería decirse “low price”. El “low cost” no es para la empresa, que tiene los mismos costes, a menos que se bajen para que no haya “low profit”. ¿De donde se sacan los “low costs”? Pues en el servicio, claro está. Y el servicio llega a límites execrables.

El bajo precio suele cobrarse una víctima inmediata: la calidad del personal, y en sus manos está la calidad del servicio. Dejamos claro que la calidad del material rodante y volante es excelente, en los casos de RENFE y RYANAIR, y por tanto la seguridad. Pero el buen trato, la cortesía, las buenas caras, la amabilidad y otras cosas parecidas ya brillan por su ausencia. No es infrecuente ver cómo el personal de cabina pasa el carrito a toda velocidad (hablo de clase preferente en el AVE) rezando para que algunos viajeros estén dormidos y así ahorrar esfuerzos, o como hablan descaradamente en tus narices de sus problemas laborales.

Los salarios han caído a niveles de miseria, y tal parece que esto genera una frustración insoportable en los trabajadores de aerolíneas y trenes. No sólo pasa ahí, ocurre también en otros sectores, como hostelería, donde cada día es más raro no encontrar aficionados que desconocen las normas elementales de trato con el cliente. Vayan ustedes a esas franquicias donde hay más preocupación por cumplir las normas del establecimiento que las del cliente, donde te tratan por decreto como un profesional del “sinpa” y has de pagar antes de que te sirvan.

Pues bien, el “low cost” existe ya en Farma, desde hace años y se agudiza. Hay compañías que hacen gala y honor de ofrecer los precios más baratos, no ya baratos sino de hambre. Bajo el lema corporativo de “ofrecer fármacos a precios asequibles” a veces se esconde una ofensiva de “low cost” sin rumbo claro.

Vemos que en los concursos públicos se adjudica la Ceftriaxona 1 G (con solvente) a 0,50 € por vial. Sí, un antibiótico, fabricado en forma estéril, liofilizado, con todas las normas de Buena Práctica de Fabricación, y en el mercado más regulado del universo observable, se vende más barato que un café solo, hecho en el Bar Los Concuñados, servido en tazas mugrientas y con azucarillo caducado hace siglos, por un señor que cree que la Higiene es algo de los griegos antiguos o la hermana de Temístocles, que cuando entras no te dice buenos días, qué desea, sino un sonido gutural parecido a “Uehmm”. Y mil ejemplos de “low cost”: Ibuprofeno Oral, Paracetamol Oral…. todos a menos de 1 €.

Estos “low cost o prices” no redundan en la calidad, he ahí el drama. Son seguros y eficaces, y cumplen todas y cada una de las normas de calidad, e incluso las superan. Por otra parte, Farma es un sector en el que los políticos ven un mar abierto para subvencionar todo lo que se les ocurre, y con ese “low cost” hay que pagar: El SIGRE (recogida de medicamentos sobrantes), la I + D (a través del llamado “impuesto revolucionario”), la atención a colectivos necesitados de ayuda (como el braille en los envases para ciegos, no lo veo en los fabricantes de sopas, y supongo que los invidentes también toman sopa) y un largo número de exigencias. No falta el ocurrente político que no exija que la Industria Farmacéutica subvencione algo. No observo que los diputados dediquen parte de su sueldo, que no es “low” precisamente, a subvencionar otra cosa que no sea a su propio partido. En Farma, el nivel de exigencias regulatorias ha encarecido tanto el coste, que dudo que el “low cost” se pueda mantener mucho tiempo…. a menos que…. sí, lo han adivinado…..se implanten los “low salaries”. De hecho, ya están implantados.

En 2005 recuerdo contratar delegados comerciales por 35.000 € de fijo, más 10.000 € de variable. Una directora técnica no cobraba menos de 50.000 €, y la figura del director comercial sobrepasaba con holgura los 80.000 € entre fijo y variable en empresas medias y pequeñas. Hoy, 13 años después, son incluso menores. No afecta, como digo a la calidad del fármaco, ni a su seguridad y eficacia, pero afecta a la calidad del servicio, que está en manos de los seres humanos que trabajan en la empresa.

Hay muchas roturas de stock (especialmente serias en las subastas andaluzas), la formación de los jóvenes delegados es casi inexistente, no hay ni tiempo ni medios, la contribución científica es casi nula, hace mucho que no se hacen simposia en colaboración con servicios hospitalarios, ni publicaciones “post-marketing”.

Se ha afianzado la idea de que hay que vender lo más barato posible y salvo la calidad, todo lo demás es prescindible. Como en las aerolíneas, no hay café, ni periódico, ni el personal está para ayudar al cliente.

Todo ello está provocado por el voraz estado del bienestar, que cree que las únicas cuentas dignas de sostenibilidad son las públicas, y que los únicos salarios dignos de ser mimados son los de los trabajadores públicos. Pero también hay mucho “colaboracionista” en la Industria. Ejecutivos que creen que es mejor vender a muy bajo precio a cambio de su santidad, la cuota de mercado. Gente que cree que no es preciso ofrecer calidad de servicio, y basta con la calidad farmacéutica. Y digan lo que digan los gurús de recursos humanos, un empleado mal pagado no está en condiciones de ofrecer buen servicio. No se trabaja solo por reconocimiento, reconciliación de vida laboral y familiar, responsabilidades sociales y corporativas, ni por ser un miembro de la gran familia que es esta empresa. Hay que tener salarios dignos, y los precios actuales no lo permiten.

Como no es sólo Farma, la situación se torna peligrosa para el propio estado de bienestar. Bajan las cotizaciones sociales, las pensiones en riesgo, y el consumo, con el daño inherente a la economía. Es un círculo perverso: como la gente no gana mucho no puedo poner precios más altos, y como no puedo pagar mucho a la gente….

Sinceramente creo que hay que acabar con esta idea tan bien atornillada en las empresas, la cual se resume en vamos a vender más barato que nadie. Muchos pagarían unos céntimos más por la cerveza si fueran tratados con un poco de amabilidad, o algo más por el billete de avión si al menos no fueras encajonado en un espacio liliputiense entre asiento y asiento, e incluso unos euros más por un fármaco hospitalario si se pudiera hacer algo de colaboración científica con los proveedores, hoy sólo al alcance de Big Pharma y sus PVL de más de 500 €.

Hace poco me han preguntado unos inversores si los precios de las Cefalosporinas seguirán bajando. Hubiera dicho que no, que ya estamos en el límite inferior. No me atrevo a sostenerlo. Pueden bajar más, lo mismo dije hace años y la cosa siguió para abajo. Claman algunos que todo estriba en el precio de materias primas (principios activos), de India o China, que al ser muy baratas dan margen para bajar más. Lo que no dicen es:

–       China e India están dejando ya de ser baratas, hay clase media industrial que demanda mejoras sociales y salarios decentes, aparte de regulaciones cada vez más estrictas que encarecen las fabricaciones

–       La materia prima puede bajar de precio, pero el coste final tiene mucho que ver con los salarios, y estos no pueden seguir bajando. Entre otras cosas porque son las bases imponibles y de cotización que permiten tener una prestación farmacéutica.

El “low cost” se ha convertido en una amenaza para el progreso social y económico. Entre otras cosas porque se maneja muy mal. No existe punto de equilibrio razonable; o son artículos de lujo a precio imposible o son gangas, también a precio imposible para pagar salarios dignos a los trabajadores.

Mientras escribo esto hay varias reuniones en empresas para definir una “campaña agresiva