El día del juicio el Tribunal se reunió puntualmente. El Director General, la Directora de Recursos Humanos y el Representante Sindical eran la terna de personas honorables que se encargarían de dictar sentencia. Desde muy temprano los empleados se habían congregado ante la sala de juntas donde se celebraría la vista, con pancartas y consignas: ¡No a los elementos tóxicos en esta empresa! ¡Todo el peso de la ley para los negacionistas y los negativistas! Los comentarios no eran menos belicosos: no sé ni para qué pierden el tiempo con tanta monserga, si el caso está clarísimo, es culpable de toda culpabilidad. Desde hacía días los grupos de “guasáp” ya echaban humo en contra del acusado. Hasta había una empleada, la ucraniana Viktorya Pelotiyenko, disfrazada de Reina de Corazones, como en Alicia en el País de Las Maravillas, soflamando: “primero la sentencia, después el juicio”.

La pena que se pedía para el acusado era la máxima contemplada en el Código Penal de la Empresa: el despido procedente sin indemnización alguna. El acusado era un individuo de turbio historial, con antecedentes por cuestionar los valores de la empresa y peor aún, haber realizado un informe sobre las estrategias de la empresa en cuanto a viabilidad económica, que era totalmente negativo. Para colmo de osadía, había realizado una campaña de desprestigio hacia los legítimos representantes de los trabajadores elegidos en democrática elección.

Los guardias de seguridad de recepción traían al acusado desde su despacho, donde estaba vigilado. Era un hombre bajito, vestido sin ningún gusto y con unas gafas metálicas pasadas de moda. Recibía insultos y amenazas por parte del respetable, pero parecía ido, como pensando en otras cosas, lo cual era interpretado como arrogancia por parte de la vociferante multitud. Provocando así más inquina, si cabía.
El presidente del tribunal, el director general, abrió la sesión, y dio la palabra al ministerio fiscal, la subdirectora de recursos humanos.

– Con la venia, procedo a formular los cargos contra el acusado. Queda probado que, en los corrillos de la máquina de café, el acusado ha llegado a decir que los representantes sindicales no representan a todos los trabajadores, pues solo ha votado el 25% de los trabajadores, y casi todos del centro de logística. Delito evidente contra los derechos de los trabajadores.

Otrosí, queda probado que ha manifestado sus dudas en público sobre la eficacia de las normas de conciliación de vida laboral y familiar que tan sabiamente han sido elaboradas por esta dirección de recursos humanos, a la que me honro en pertenecer, creando un estado de ansiedad inadmisible entre los empleados de esta empresa. Con el retorcido argumento de que la mayoría de los empleados se va de copas al terminar el trabajo, y en todo caso concilian vida laboral y “bebercial”. Con ello el acusado es reo de negacionismo de una doctrina irrebatible por definición, la conciliación.

Otrosí consideramos probado que el acusado ha elaborado un infame informe sobre el Plan Estratégico a 5 años, minuciosamente preparado por nuestro amado director general, aquí presente, tachándolo de soñador y falto de coherencia. Aduciendo que carecemos de recursos financieros para llevarlo a la práctica. Caso claro de espíritu destructivo, negativista, toxico y me atrevo a decir disolvente.
Por último, el acusado atacó en la cena de Navidad los valores de la empresa, relativos a la contribución al medio ambiente y a la ayuda a la ONG Herpetólogos Sin Fronteras, quienes realizan una amplia y desinteresada obra social en el Alto Bongo, organización que preside la actual pareja de nuestro presidente del comité sindical, en beneficio de los adolescentes bongoleses y su lucha para conservación de la serpiente nacarada del Bongo, Herpes Nacarata Bongolensis. No hace ni falta decirlo, es negacionismo en estado puro.

En consecuencia, exijo que el acusado sea declarado culpable de todos los cargos y en consecuencia se le condene a la pena de máximo grado, es decir, el despido procedente sin indemnización.

El presidente carraspeó y dio la palabra a la defensa, de la cual se encargaba un representante sindical

– Señorías, esta defensa, ante la rotundidad de los cargos formulados por la fiscal, sólo puede pedir clemencia para el acusado, y que haya una pequeña indemnización, de unos 5 días por año trabajado. Aplicando la atenuante de embriaguez, cosa lógica en cena de empresa.
– Bien, declaró el presidente, que pasen los testigos para declarar
– No hay preguntas, señor presidente – dijo la fiscal
– Tampoco la defensa – dijo el abogado
– En ese caso, el acusado contestará a las preguntas del ministerio público y de la defensa …. si lo desea – zanjó el tribunal.
El acusado se situó en el centro de la sala y esperó con mirada resignada la lluvia de preguntas. Arrancó la fiscal
– Diga ser cierto que atacó el Plan Estratégico por turbios intereses personales.
– El Plan Estratégico es un sinsentido. Genera 25 millones de € de flujo de caja neto, pero precisa de más de 70 en inversiones de activo fijo, y otros 60 en gastos no capitalizables. No podemos financiarlo sin endeudarnos hasta límites imposibles, por no hablar de los gastos financieros-
– Falso – cortó el Director Financiero desde el fondo de la sala
– Silencio – reclamó el presidente – si el señor director financiero quiere hablar que comparezca como testigo. Un altivo y enchaquetado maromo se levantó y desde el fondo depuso su testimonio: Señorías, compañeros, este hombre miente. Esos 60 millones se capitalizan en 10 años, y tienen influencia mínima en el flujo de caja …. ”
– No puede hacer eso sin incumplir el Plan General Contable, nos cae una multa de la Agencia Tributaria imponente
– ¡El acusado no puede hablar sin mi consentimiento, silencio! – bramó el presidente – Prosiga la fiscal
– Diga ser cierto que desprestigió a los representantes sindicales con malévolas intenciones.
– No. Yo expresé mi opinión por la falta de interés que las propuestas sindicales provocaban en sus representados. Nunca los vi colaborar en planes de mejora de la eficacia, que no de la productividad, jamás en planes de carrera, sólo les preocupaba la actualización de las dietas y el 0,75% del convenio. Además….
– Demagogia barata – cortó la fiscal, mientras el público la aplaudía.
– Prosiga la fiscal
– Diga ser cierto que se mofó del Plan de Conciliación y de la ONG mencionada
– No es cierto. Muchos compañeros no necesitan ese Plan, sino ayudas para guardería, que no hay, y de paso un buen sistema de reparto de festivos y vacaciones, que ahora es un caos. Sobre la ONG hice averiguaciones y es un montaje para esconder turismo “low cost” al Alto Bongo.
– ¡Hasta aquí hemos llegado! – saltó el presidente- no voy a tolerar insultos al honor de los miembros del tribunal. Visto para sentencia. Eh…… se me olvidaba, el acusado tiene derecho a hablar antes de la sentencia

El hombrecillo se ajustó la corbata y habló

– Yo no cuestiono que la conciliación, el sindicalismo, la protección del medio ambiente y tener un plan estratégico sea malo, lo que intento es analizar de forma crítica las cosas, y proponer otras vías que pueden ser más eficaces. Por tanto ….
– ¿Algo más? – volvió a interrumpir el presidente con cara de Aníbal cruzando los Alpes.

El tribunal se retiró para deliberar, más bien a disimular que deliberaban algo, y a los poco minutos la vista de reanudó:

– Condenamos al acusado a la pena de despido procedente sin indemnización. La sentencia se cumplirá de modo inmediato, sin posibilidad de recurso. El personal de seguridad acompañará al condenado a la calle, asegurándose que no retire ninguna propiedad de la empresa.

Aplausos, vítores y alabanzas por parte de los presentes. El empleado encargado de la revista de la empresa recogía opiniones a la salida: Muy bien, se ha hecho justicia, como no podía ser de otra manera. Hay que endurecer las leyes, y que estos elementos no puedan trabajar en su vida y atentar contra los valores que nos caracterizan.

El condenado anduvo unos metros por la calle, hasta una pequeña plaza donde había un grupo de dos hombres y una mujer, andrajosos. Uno bebía de un “tetrabrik”de Don Simón, otro orinaba contra la pared, y la mujer se limpiaba las narices con un clínex usado.

El condenado preguntó:

– ¿Quiénes sois?
– Los Dioses de la Argumentación Lógica, el del Sentido Común y la Sibila del Recto Razonamiento.
– ¿Y siendo dioses pordioseáis por la calle?
– Corren malos tiempos para la Lírica, la Metafísica, la Poética, la Retórica, la Analítica, la Lógica, la Patrística y la Hermenéutica. Y sobre todo para la Verdad, no se admite si no coincide con lo que debe ser. Así, condenado, no te quejes de tu destino. Decir verdades tiene su precio, y tú ya lo has pagado. Es muy caro, ¿verdad? El director general cobra su bonus, la mujer del representante sindical su sueldo de la ONG, la de recursos humanos es nombrada empleada del año y entra en el consejo, ¿qué esperabas criatura de Dios?

El condenado se diluyó en la nada, mientras en su ex empresa ya buscaban donde malgastar un par de millones y en las normas para ser muy responsables corporativamente, es decir, llenar de carteles las paredes con mantras de irrebatible obviedad.

Todos los días hay juicios sumarísimos en las empresas, por un sí o por un no. Pero como dijo la Reina de Corazones, primero la sentencia, luego el juicio.