El Ministerio de Sanidad ha hecho pública una lista de “pseudoterapias”, y recordemos sin miedo que en griego “pseudo” significa falso, sin más dilación ni dulzuras. La lista es esta:

“Análisis somatoemocional, análisis transaccional, ángeles de Atlantis, armónicos, arolo tifar, ataraxia, aura soma, biocibernética, breema, cirugía energética, coaching transformacional, constelaciones sistemáticas, cristales de cuarzo, cromopuntura, cuencos de cuarzo, cuencos tibetanos, diafreoterapia, diapasones, digitopuntura, esencias marinas, espinología, fascioterapia, feng-shui, flores del alba, frutoterapia, gemoterapia, geobiología, geocromoterapia, geoterapia, grafoterapia, hidroterapia del colon, hipnosis ericksoniana, homeosynthesis, iridología, lama-fera, masaje babandi, masaje californiano, masaje en la energía de los chacras, masaje metamórfico, masaje tibetano, medicina antroposófica, medicina de los mapuches, medicina ortomolecular, metaloterapia, método de orientación corporal Kidoc, método Grinberg, numerología, oligoterapia, orinoterapia, oxigenación biocatalítica, piedras calientes, pirámide vastu, plasma marino, posturología, pranoterapia, psicohomeopatía, psychic healing, quinton, radioestesia, rebirthing, sincronización core, sofronización, sotai, tantra, técnica fosfénica, técnica metamórfica, técnica nimmo de masaje, terapia bioenergética, terapia biomagnética, terapia de renovación de memoria celular (cmrt), terapia floral de California, terapia floral orquídeas y terapia regresiva”.

La mayoría no son más que un intento de supervivencia por parte de algunos emprendedores que aprovechan el efecto de arrastre de una moda o de un libro de autoayuda de cierto éxito. O la vieja santería evolucionada, Algunas son tan malas que ni siquiera son falsas.

Llamo jocosamente la atención, y subrayo, la “fascioterapia”, que a pesar del sugerente nombre no consiste en ponerse una camisa negra, hacer el saludo romano y marchar sobre Roma, sino que es un masaje en tejidos conectivos. Y también la “orinoterapia”, que suena a algo escatológico y parafílico, pero que consiste en aplicar orina a la piel. Lo que no tiene nada de extraño si pensamos que la urea es usada en cosmética, y que en la novela de Delibes “Los Santos Inocentes” Azarías se orina en las manos para que no se agrieten. Obsérvese que han dejado la homeopatía para mejor ocasión, y prometen un monográfico sobre ella.

Falta, en mi opinión, la “crioclaveterapia”: consiste en aplicar una llave metálica dejada previamente a la helada de la madrugada invernal castellana sobre el párpado en los casos de blefaritis (orzuelos). Las abuelas predicaban sus bondades. Tiene su fundamento: el frío rebaja las inflamaciones, todos lo sabemos. La Gentamicina tópica funciona algo mejor.

Poco después, EL PERIODICO publicaba algo muy inquietante:

https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190406/boom-denuncias-pseudociencias-7392103: “Hasta ahora, la gran mayoría de quejas hacia los escépticos no iban más allá de las amenazas. En las últimas semanas, en cambio, están llegando cada vez más burofaxes, demandas de rectificación y conciliación, denuncias y querellas en los que se acusa a los escépticos de injurias, calumnias e incluso delitos de odio por sus críticas”

Es decir, la última versión de “todas las ideas y teorías son respetables”, y aunque sea la tontería más absurda del mundo, sin fundamento alguno, peligrosa en algunas ocasiones, delirante casi siempre y a menudo ininteligible, “yo y mis ideas tenemos el derecho a ser respetados y a no ser cuestionados”. Sin necesidad de demostrar nada, y a demandar, que un dinero nunca viene mal. Sorprende que los “pseudoterapistas” estén listos siempre a la defensa y a la reclamación por injurias, y que la Industria Farmacéutica, de la que se escriben verdaderas barbaridades, nunca mueva ficha ni reclame nada.

Con todo, lo más terrorífico es que todas estas pseudoterapias tienen su público y sus defensores, que no son los cuatro soñadores que a veces nos hacen creer. En las redes, LinkedIn y Facebook, hay grupos sobre ellas. El asunto de las vacunas y su efecto en provocar autismo está en las ondas. Uno de los grupos más activos en la defensa de esta idea son los grupos de judaísmo ultraortodoxo, no tanto por el autismo sino por la sospecha de que una vacuna pueda portar ADN de cerdo. No dicen nada, sin embargo, de las heparinas, que esas sí llevan componente porcino.

Los vamos a llamar “pseudos”, y los definimos como: “aquellos individuos o colectivos que reclaman no tener la obligación de demostrar lo que dicen porque ellos son visionarios y trabajan por el bienestar humano, aunque cobren, y no poco, por ello. Sostienen ser víctimas de una conspiración del complejo industrial-gubernamental para desprestigiar sus noble metas.

Todo esto quizá suponga una regresión intelectual, lo cual tiene su miga en los tiempos de las “nuevas tecnologías”, “la generación mejor preparada de la historia”, “la sociedad digital” y la “interconexión de reeeedeeees (que diría Punset)”. Y todo bien adobado con reacciones de victimismo ante conspiraciones de la “Ciencia Oficial”, movida por turbios intereses económicos y geopolíticos. Creen los “pseudos” que la Ciencia es una especie de BOE, donde se promulga un decreto por el cual es obligatorio que las masas se atraigan con una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Un ejemplo del caos mental en el que viven lo tenemos en el proceso en marcha para canonizar como santo laico a Nicola Tesla, ingeniero serbio o croata (como hay peleas por adjudicarse su nacionalidad, diremos que era serbocroata), a quien se adjudican más inventos y descubrimientos que a todos los demás científicos juntos de la historia. Se le usa como contrapunto del pérfido Edison, capitalista y “patentador” de todo lo patentable, y sus batallas entre la corriente alterna y continua. Pero Tesla, nos dicen, era un visionario, y con eso ya es más respetable que nadie. ¿Qué es lo que “visionó”, mientras los demás se esforzaban en entender y demostrar lo que sólo “veían”? Sus “fans” hablan de cosas muy raras, y al parecer siempre llegaba tarde. Se le adelantó Marconi en la TSH (Telegrafía Sin Hilos), y Edison en casi todo. Su figura gana adeptos quizá por la compañía Tesla de Elon Musk, cuyos resultados técnicos y financieros no parecen ser muy atractivos, pero que conste que el culpable es la taimada industria automovilística.

Muchos han tirado ya la toalla, y han decidido no perder más tiempo en rebatir las ocurrencias de los “pseudos”. Así, cuando me intentan vender la idea del “visionario” Julio Verne y sus viajes a la Luna, debo decir que no estuvo muy fino, con independencia de que la novela sea lo mejor que un niño puede leer como aventuras. Les razono que el cañón que diseña Impey Barbicane (el protagonista) en Baltimore habría aplastado a los ocupantes de la nave-proyectil. Con unos 200 metros de largo hubiera tenido que comunicar al proyectil una velocidad de salida de 11.000 m/s (velocidad de escape de la gravedad terrestre). Eso significa que el proyectil en el que viajan los tres astronautas hubiera tardado 0,036 segundos en recorrer el ánima del cañón y por tanto hubieran sufrido una aceleración de 30.000 g. Dicho en forma intuitiva, pesarían 30.000 veces su peso en reposo. Hoy en día, los astronautas sufren en los lanzamientos hasta 5 o 6 g, lo cual ya es mucho. Para ese cálculo no hace falta más que aplicar las leyes del movimiento de Galileo, que ya tienen 3 siglos y medio. La respuesta suele ser: “Bueno, es una teoría” Y ahí más vale presentar la dimisión y largarse con viento fresco.

Otro grave problema aparece cuando los medios de comunicación adoptan una actitud equidistante. Véase en la reseña de EL PERIODICO antes mencionada, que se habla de “escépticos” para designar a la parte demandada. Por tanto, otorgan igualdad a los “pseudos” frente a los que sí se empeñan en demostrar la verdad o falsedad de una teoría. Llevado al absurdo, si mañana yo digo que masticar hojas de encina (“quercoterapia” lo llamaremos) alivia la artritis reumatoide (o que la cura, ya puestos), mi opinión debe ser tan respetada como la de un grupo de investigación que lleve años intentando explicar los mecanismos moleculares de las enfermedades autoinmunes y obtener un buen anticuerpo monoclonal para su tratamiento.

Muchas de las posiciones de los “pseudos” se parecen sospechosamente a las religiones y sus misterios que hay que creer siempre y sin discusión. Y cualquier prueba en contra debe entenderse como un ataque a la libertad de culto y creencia, cuando no una injuria y actualmente calificado de “delito de odio”, ese espantajo jurídico que se ha creado en el Derecho Penal español. ¿Por qué no delitos de avaricia, de ira, de gula o de pereza, así como de otros “pecados capitales”? Me temo que el ser humano no puede vivir sin mitos, y sin verdades irrefutables de innecesaria demostración. Antes era la ortodoxia religiosa (que aún sigue vigente en los países islámicos) y hoy es la ortodoxia de las ocurrencias respetables.

Las “pseudoterapias” usan artillería pesada para parecer que son científicas. Vemos muchas expresiones como “destellos neurocuánticos”, “campo magnético corporal”, “líneas de fuerza musculares”, “equilibrio entrópico neuronal”, y todas sus combinaciones. Y son muy hábiles en la dialéctica; si se intenta rebatir la inconsistencia de lo que afirman, contraatacan con argumentos de “pseudológica”: todas las teorías científicas son falsas. Como no se ha encontrado explicación a la materia oscura, toda la Astrofísica es falsa. Como no se sabe muy bien como se comporta una célula tumoral, toda la Biología es un engaño. Como no se pueden predecir los fenómenos meteorológicos con un mes de antelación, la Meteorología es falsa.

Creo que se ha perdido la partida por parte de la Razón, y los “pseudos” han ganado por goleada. Llegarán las demandas y algún juez sentenciará que los promotores de la “berzaterapia” deben ser respetados y que se ha cometido un delito de odio sobre ellos cuando alguien trataba de desmontar la falacia.

Nota Final: hace pocos días he tenido conocimiento de que una pareja de cierto nivel cultural, aconsejada por un “experto en fertilidad”, ha ido a la Casa de Campo con luna llena para practicar la inseminación natural, de modo que ella inmediatamente hiciera el pino durante diez minutos y así ayudar a los espermatozoides a bajar al “pozo uterino” (sic) y fecundar a los óvulos. 100 € la consulta. Creo que solo faltaba algún licántropo aullando.