En los últimos días hemos recibido otra dosis elevada de corrupción, y me sorprende que alguien todavía se sorprenda. Esa sorpresa falsa que tan bien podemos ver en el Capitán Louis Renault de la Gendarmería de Casablanca cuando proclama su sorpresa en el Rick´s Bar: “Increíble, he descubierto que en este local se juega”, ante un socarrón Humphrey Bogart (Rick) que ya le está deslizando unos cuantos miles de francos por el bolsillo.

La corrupción en España tiene larga tradición (ver https://www.linkedin.com/pulse/la-corrupcion-en-industria-farmaceutica-y-un-breve-i-calvo-yague/). Y es la misma de siempre, la cual podemos resumir en los llamados empresarios “orgánicos”, los cuales a su vez se pueden definir como los que hacen dinero, que no riqueza, a costa de su convivencia y connivencia con el poder político. Al igual que en Química hace falta un reductor para que haya un oxidante, en la Ciencia de la Corrupción se necesita un corruptor para que haya un corrupto. La actual versión de la corrupción nace a finales de los 80, cuando se produce un despegue económico espectacular en el país, aquellos años de pre-ingreso en la UE, cuando la EXPO de Sevilla, el AVE al mismo sitio, y los JJOO de Barcelona, nos hicieron creer que ya éramos un país nuevo y rico. En realidad, era la corrupción de la era franquista que se había tomado unos años en reciclarse y resurgía feroz y con hambre.

Años eran aquellos en los que los empresarios orgánicos asaltaron las cuentas públicas mediante el viejuno método de dar parte de las ganancias al político que gestionaba el presupuesto y el gasto. No se tenía conciencia de hacer algo reprobable, si ahí estaba el dinero ……. ¿por qué no puede ser para mí? Y el político razonaba: ¿tanto sacrificio y lameteo de glúteos para ahora no llevarme nada? Algunos lo pensaban, pero se lo callaban, otros lo proclamaban abiertamente, como Vicente Sanz, secretario del PP valenciano: ““Estoy en política para forrarme”.

Se le llamó “cultura del pelotazo”, y vimos cómo se llamaba empresario a cualquier cosa, no era raro ver en la prensa del corazón que alguna famosa tenía relaciones sentimentales con el “empresario” Tal, para luego descubrir que se trataba de un comisionista de influencias, o un conseguidor de favores políticos. El pueblo los idolatró, y alguna prensa los dignificó a través de fotos en yates y fiestas marbellíes. La especie se multiplicó como las bacterias y el país se vio desbordado por ellos. Eran fáciles de identificar:

  • Siempre decían ante un proyecto que “el dinero no era problema”, ilustre majadería, pues el dinero siempre es un problema. Cuando decían aquello yo pensaba si se les podía contestar: “Entonces no le importará que no haya beneficios”.
  • Rara vez podían demostrar un equipo detrás de ellos, iban a las reuniones rodeados de una corte de individuos que exhibían tarjetas en las que se leía: High Bierzo Investments SA, Delightful Promotions SL, Bullshit Solutions SLU, y los nombres más místicos que se les ocurran. Pero el líder empresario tenía otra, que podía poner cualquier otra cosa. Al paletillo político, y casi todos lo eran y lo son, aquello le parecía un desembarco de Wall Street. Era de todo menos una empresa estructurada.
  • Vestían al estilo “pijo-hortera”, que en aquellos años consistía en la camisa rosa o azul con cuello y puños blancos, corbata de detonante color rojo fucsia y tirantes. Comían al dictado de la “nouvelle cuisine”, es decir, añadiendo mousse de chocolate a todo y agitaban la copa de vino con movimiento giratorio, olisqueando los supuestos aromas afrutados y de esencias resinosas.
  • Como acababan de aparecer los teléfonos móviles, aquellos Motorola de dimensiones olímpicas, que recordaban a las películas bélicas cuando el valiente teniente de los Rangers solicita apoyo aéreo ante los disparos de los malvados nazis, lo exhibía y hablaba a voces para que todos nos enterásemos de lo importante que era. Cosa que por cierto continúa, súbanse al AVE y lo verán y escucharán.
  • Todo se basaba en que tenían “relaciones”, jamás veías un producto o un servicio, sólo relaciones.
  • Su obsesión por la contabilidad creativa y la elusión de impuestos es enfermiza, de ahí el complejo entramado de sociedades que manejan, que hacen imposible a veces saber con quien estás realmente hablando. Bueno, y a veces no es elusión sino directamente evasión fiscal o simplemente fraude.

Un buen modelo de este tipo de empresario era Oskar Schindler, aquel empresario alemán, bastante caradura, que se redimió con sus listas.

Cuando Aznar accedió al poder la cosa se potenció mucho, aunque los últimos gobiernos del PSOE ya habían sentado las bases. Especialmente dramática en este aspecto fue la segunda legislatura del PP (2000 – 2004) con mayoría absoluta, cuando pensó – literalmente – que el Estado era suyo, que para eso habían ganado unas elecciones, y los moscones acudieron a la pitanza. Ahí aparece la Gürtel, y sus ramas laterales. Con la imagen ya icónica de la boda de la señorita Aznar en El Escorial, donde toda horterada tuvo su acomodo y todo exhibicionismo de nuevo rico su hueco.

No nos debe extrañar, el empresario orgánico, depredador de caudales públicos y apandador de bienes comunales, necesita un hábitat donde haya un poder casi absoluto. Por ello, las zonas más atacadas por la corrupción han sido Andalucía, donde el PSOE ha sido emperador asirio durante décadas; Comunidad Valenciana, donde el PP ocupaba el mismo cargo que Jerjes en el Imperio Persa; Cataluña, donde CiU, o mejor dicho la tribu de los “pujolianos”, fue Luis XIV sin discusión; y la Comunidad de Madrid, con el PP triunfante en carne mortal. No es de extrañar, la corrupción existe donde hay dinero, donde hay presupuestos sabrosos, rara vez en el Ayuntamiento de Rompecabras de las Peñas, donde el presupuesto municipal es tan exiguo que si robas un euro se nota. No pasaba en Navarra o en País Vasco, pues al disponer de Régimen Foral las cosas se podían hacer de forma menos tosca. Aun así, Gabriel Urralburu, del Partido Socialista de Navarra fue condenado por cohecho. Y del PNV poco hay que decir en temas de corrupción, pero se me permita el chiste dada la ideología de dicho partido, sólo Dios lo sabe. Con el nacionalismo o el independentismo se han hecho buenas fortunas, esas redes clientelares de empresarios colaboradores a la causa que tan eficaces se han mostrado. Otrosí digamos de las redes que el PP creó y retiene en gran medida de organizaciones afines a su causa, si bien son menos ruidosos.

Los nuevos partidos, o aquellos que nunca han tenido el poder, están más limpios, pero alguna cosa aparece ya en Podemos y sus franquicias. Lo que ocurre es que con Podemos no hay “empresarios” sino “entidades de activismo social”, no me vayan a malentender, donde va a parar. Y me temo que en Ciudadanos falta poco para que aparezca alguien que cobró lo que pudo por arreglar algo.

Pudiera pensarse a primera vista que los daños son para la Hacienda Pública y para la estabilidad política. Por supuesto. Pero hay un daño colateral tremendo. Y no es otro sino la pérdida de capacidad empresarial para los empresarios no orgánicos. Aquellos que sí crean riqueza, tienen equipos de profesionales razonablemente pagados, venden algo concreto o dan un servicio tangible, y sobre todo pavimentan el futuro económico del país. Juegan en desventaja, se les obliga a cotizar comisiones si quieren un contrato con la Administración y no les llegan subvenciones ni ayudas.

Tampoco debemos lacerarnos pensando que somos Corruptland, en otros países ocurren cosas parecidas. Sarkozy tiene problemas en la muy robesperriana República Francesa, Alemania ha tenido casos sonados y en Italia llegan a cifras prodigiosas. La diferencia quizá estriba en que en otros países la dimisión y el adiós a la carrera política es casi automático. Por aquí no tanto.

La causa última de la corrupción es simple, pero dudo que se vaya a eliminar. No es más que el mecanismo social de apropiarse de todo lo que está al alcance. Las guerras son eso, apropiación de lo ajeno mediante la destrucción física del prójimo. Lo hacen también los chimpancés, que no son los seres idílicos que algunos ecologistas intentan decirnos. Está basada en que el poder es dinero, y sin dinero, ¿para qué quiero el poder? Nuestra sociedad es piramidal, se extraen bienes de abajo hacia arriba, y cuando se invierte el ciclo, lo llamamos revolución, la nueva clase poderosa comienza de nuevo a extraer, tras un período prudencial guardando las apariencias. Recuérdese la corrupción en la antigua URSS, o en la República Popular de China, donde se castiga únicamente cuando pierdes el poder, o sea cuando te sacan del Comité Central del Partido.

Las acciones punitivas no creo que sirvan de mucho. La Humanidad lleva siglos fusilando, guillotinando, ahorcando, electrocutando, decapitando, gaseando y otras lindezas más, y sigue habiendo asesinatos, violaciones y genocidios. ¿Por qué el corrupto iba a desaparecer? Además, todo corrupto tiene una máxima: “A este le han pillado por tonto, yo hago las cosas con inteligencia”.

Por tanto, me temo que seguiremos viendo casos y casos, que dejarán pequeño al anterior.