Se le llamó “cultura del pelotazo”, y vimos cómo se llamaba empresario a cualquier cosa, no era raro ver en la prensa del corazón que alguna famosa tenía relaciones sentimentales con el “empresario” Tal, para luego descubrir que se trataba de un comisionista de influencias, o un conseguidor de favores políticos. El pueblo los idolatró, y alguna prensa los dignificó a través de fotos en yates y fiestas marbellíes. La especie se multiplicó como las bacterias y el país se vio desbordado por ellos. Eran fáciles de identificar:

  • Siempre decían ante un proyecto que “el dinero no era problema”, ilustre majadería, pues el dinero siempre es un problema. Cuando decían aquello yo pensaba si se les podía contestar: “Entonces no le importará que no haya beneficios”.
  • Rara vez podían demostrar un equipo detrás de ellos, iban a las reuniones rodeados de una corte de individuos que exhibían tarjetas en las que se leía: High Bierzo Investments SA, Delightful Promotions SL, Bullshit Solutions SLU, y los nombres más místicos que se les ocurran. Pero el líder empresario tenía otra, que podía poner cualquier otra cosa. Al paletillo político, y casi todos lo eran y lo son, aquello le parecía un desembarco de Wall Street. Era de todo menos una empresa estructurada.
  • Vestían al estilo “pijo-hortera”, que en aquellos años consistía en la camisa rosa o azul con cuello y puños blancos, corbata de detonante color rojo fucsia y tirantes. Comían al dictado de la “nouvelle cuisine”, es decir, añadiendo mousse de chocolate a todo y agitaban la copa de vino con movimiento giratorio, olisqueando los supuestos aromas afrutados y de esencias resinosas.
  • Como acababan de aparecer los teléfonos móviles, aquellos Motorola de dimensiones olímpicas, que recordaban a las películas bélicas cuando el valiente teniente de los Rangers solicita apoyo aéreo ante los disparos de los malvados nazis, lo exhibía y hablaba a voces para que todos nos enterásemos de lo importante que era. Cosa que por cierto continúa, súbanse al AVE y lo verán y escucharán.
  • Todo se basaba en que tenían “relaciones”, jamás veías un producto o un servicio, sólo relaciones.
  • Su obsesión por la contabilidad creativa y la elusión de impuestos era enfermiza, de ahí el complejo entramado de sociedades que manejaban, que hacían imposible a veces saber con quién estabas realmente hablando. Bueno, y a veces no era elusión sino directamente evasión fiscal o simplemente fraude.

No nos debe extrañar, el empresario orgánico, depredador de caudales públicos y apandador de bienes comunales, necesita un hábitat donde haya un poder casi absoluto. Por ello, las zonas más atacadas por la corrupción han sido Andalucía, donde el PSOE ha sido emperador asirio durante décadas; Comunidad Valenciana, donde el PP ocupaba el mismo cargo que Jerjes en el Imperio Persa; Cataluña, donde CiU, o mejor dicho la tribu de los “pujolianos”, fue Luis XIV sin discusión; y la Comunidad de Madrid, con el PP triunfante en carne mortal. No es de extrañar, la corrupción existe donde hay dinero, donde hay presupuestos sabrosos, rara vez en el Ayuntamiento de Rompecabras de las Peñas, donde el presupuesto municipal es tan exiguo que si robas un euro se nota. No pasaba en Navarra o en País Vasco, pues al disponer de Régimen Foral las cosas se podían hacer de forma menos tosca. Aun así, Gabriel Urralburu, del Partido Socialista de Navarra fue condenado por cohecho. Y del PNV poco hay que decir en temas de corrupción, pero se me permita el chiste dada la ideología de dicho partido, sólo Dios lo sabe. Con el nacionalismo o el independentismo se han hecho buenas fortunas, esas redes clientelares de empresarios colaboradores a la causa que tan eficaces se han mostrado. Y PODEMOS, donde el empresario se sustituye por “entidades de activismo social”, que no es lo mismo, pero es igual.

Pudiera pensarse a primera vista que los daños son para la Hacienda Pública y para la estabilidad política. Por supuesto. Pero hay un daño colateral tremendo. Y no es otro sino la pérdida de capacidad empresarial para los empresarios no orgánicos. Aquellos que sí crean riqueza y tienen equipos de profesionales razonablemente pagados, venden algo concreto o dan un servicio tangible, y sobre todo pavimentan el futuro económico del país. Juegan en desventaja, se les obliga a cotizar comisiones si quieren un contrato con la Administración y no les llegan subvenciones ni ayudas.

Tampoco debemos lacerarnos pensando que somos Corruptland, en otros países ocurren cosas parecidas. Sarkozy tiene problemas en la muy robesperriana República Francesa, Alemania ha tenido casos sonados y en Italia llegan a cifras prodigiosas. La diferencia quizá estriba en que en otros países la dimisión y el adiós a la carrera política es casi automático. Por aquí no tanto.

La causa última de la corrupción es simple, pero dudo que se vaya a eliminar. No es más que el mecanismo social de apropiarse de todo lo que está al alcance. Las guerras son eso, apropiación de lo ajeno mediante la destrucción física del prójimo. Lo hacen también los chimpancés, que no son los seres idílicos que algunos ecologistas intentan decirnos. Está basada en que el poder es dinero, y sin dinero, ¿para qué quiero el poder? Nuestra sociedad es piramidal, se extraen bienes de abajo hacia arriba, y cuando se invierte el ciclo, lo llamamos revolución, la nueva clase poderosa comienza de nuevo a extraer, tras un período prudencial guardando las apariencias. Recuérdese la corrupción en la antigua URSS, o en la República Popular de China, donde se castiga únicamente cuando pierdes el poder, o sea cuando te sacan del Comité Central del Partido.

Las acciones punitivas no creo que sirvan de mucho. La Humanidad lleva siglos fusilando, guillotinando, ahorcando, electrocutando, decapitando, gaseando y otras lindezas más, y sigue habiendo asesinatos, violaciones y genocidios. ¿Por qué el corrupto iba a desaparecer? Además, todo corrupto tiene una máxima: “A este le han pillado por tonto, yo hago las cosas con inteligencia”.

Por tanto, me temo que seguiremos viendo casos y casos, que dejarán pequeño al anterior.