El artículo 510 del Código Penal establece penas de hasta 4 años de prisión para los siguientes casos:

  1. Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.
  2. Quienes produzcan, elaboren, posean con la finalidad de distribuir, faciliten a terceras personas el acceso, distribuyan, difundan o vendan escritos o cualquier otra clase de material o soportes que por su contenido sean idóneos para fomentar, promover, o incitar directa o indirectamente al odio … (hacia los grupos anteriores)
  3. Públicamente nieguen, trivialicen gravemente o enaltezcan los delitos de genocidio, de lesa humanidad o contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado, o enaltezcan a sus autores, cuando se hubieran cometido contra un grupo o una parte del mismo … (hacia los grupos anteriores)

Como en todo delito que castiga expresiones hay una gran dosis de incertidumbre, y mucho más cuando el odio es un sentimiento humano como la envidia, la lujuria o la avaricia. Se da incluso la paradoja siguiente: un ladrón puede atracarte con violencia, pero si te dice: “No es nada personal, soy un profesional”, y no odiarte, dándole igual que seas anabaptista o melanesio.  El artículo es muy peligroso, pues parece que está pensado para unas víctimas muy concretas, incluso llega a mencionar la palabra “antisemita”, e indirectamente a personas homosexuales y transgéneros. Y, por tanto, si un ciudadano no pertenece a esos grupos no es sujeto pasivo del delito. Su alguien dijera: Odio a los heterosexuales, hay que acabar con ellos, estaría cometiendo delito contra el 90% de la población, un genocidio. Pero, como se suele decir, en “el espíritu del legislador” estaba la idea de proteger a los colectivos más vulnerables.

En (b) la cosa se complica. Se penaliza el hecho de escribir (por cualquier medio) que fomenten lo anterior. Ya ha habido muchos experimentos de este tipo con objeto de prohibir ideas. Alemania prohíbe desde su fundación en 1949 la simbología nazi (incluso hay problemas para rodar películas donde aparezca la esvástica). En España, la Ley sobre represión de la masonería y del comunismo, 1940, enuncia: “Toda propaganda que exalte los principios o los pretendidos beneficios de la masonería o del comunismo o siembre ideas disolventes contra la Religión, la Patria y sus instituciones fundamentales y contra la armonía social, será castigada”.

Pero lo mejor está en (c): Negar, trivializar, enaltecer…. Suena a exigir que el ciudadano se exprese sin fisuras sobre unos temas. No han llegado a la altura del Código Penal Alemán, que castiga la negación del Holocausto. Sospecho que negar el cambio climático se añadirá en breve a la lista de “odios”.

El artículo ha sido aplicado por los tribunales con mucha mesura, siendo conscientes de lo resbaladizo de sus asertos. Ha habido pocas sentencias, esa es la verdad. Pero el peligro subyace. Cualquier persona ha odiado en su vida a un grupo, o ha trivializado algo, que unos consideran genocidio y otros no. Y llevado a sus últimas consecuencias se convierte en una policía del pensamiento. Pongo ejemplos:

  • Un conocido bar de Venta de Cárdenas (Ciudad Real), puede ser culpable de odio, al exhibir símbolos que enaltecen algo que puede ser genocidio para algunos, como el período franquista.
  • Una maqueta de guerra (diorama) exhibida en una tienda de modelismo presenta a unidades de la Waffen SS en las Ardenas, y los tanques llevan la esvástica reglamentaria en 1944.
  • Un humorista hace chistes de homosexuales, y los ridiculiza.

Incluso, con el apartado (c) sería punible que un autor tenga una visión negativa del colectivo gitano y exigiera medidas a las autoridades para evitar disturbios en algunas zonas metropolitanas. Pongan “MENAS”, si les place.

Con todo, las leyes son inocuas sin un apoyo social, que guste o no, también mueve a los jueces. Y ese apoyo lo hay. Se generaliza la visión de ampliar el concepto “facha” para cualquier caso que no se avenga a aplaudir la doctrina del “odio oficial”. Y un “facha” es el arquetipo de ejecutor de todos esos delitos. Luego la cosa toma forma de “Causa General” contra millones de españoles. Votar a VOX, por ejemplo, o incluso al PP, pudiera ser constitutivo de delito de odio, pues el votante es cooperador necesario para que se cometa el delito de odio, si dicho partido gana unas elecciones.

Y hay gran sorpresa entre los “no fachas” cuando un juzgado abre diligencias por posible delito de odio cuando algún “izquierdista” oficial se llena de coraje verbal y pide guillotinar al alguien de un partido de “derechas”. Solo le falta decir: “la ley no estaba pensada para esto”, y tiene razón.

Lean esta “perla”, publicada por DIARIO 16, el 08/04/2019: “El ‘hombre trumpista’ es el nuevo hombre, el modelo de ciudadano en que ha degenerado la posmodernidad ultratecnologizada del siglo XXI que aliena al ser humano. Tiene entre 35 y 44 años, aborrece el izquierdismo feminista y suele vivir en suburbios de grandes ciudades o en áreas rurales y pueblos donde la soledad y el aislamiento se convierten en la argamasa perfecta para que cuajen las ideas más extremistas. No logra superar el bachillerato ni ha ido a la universidad; trabaja como pequeño empresario, autónomo o agricultor. Rara vez lee algo más que el folleto publicitario que le dan en el centro comercial y es consumidor habitual de televisión basura y de programas deportivos. También es un habitual de las redes sociales, donde vuelca su odio hacia el mundo y donde se informa solo en aquellos grupos cerrados a los que pertenece”

¿ES ESTO UN DELITO DE ODIO?

Nota: Este mismo artículo pudiera ser delito de odio.