El estudio publicado sobre seroprevalencia “ESTUDIO NACIONAL DE SERO-EPIDEMIOLOGÍA DE LA INFECCIÓN POR SARS-COV-2 EN ESPAÑA, INFORME PRELIMINAR 13 DE MAYO DE 2020” del Instituto de Salud Carlos III intenta concluir, sin demasiada convicción y repleto de lo esperable en todo estudio clínico, que: “se precisan más pruebas y mayor número de casos”. Concluyen formalmente que el 5 % de la población ha adquirido inmunidad por tener anticuerpos IgG, con cientos de reservas y dudas. Este estudio ha creado un gran desconcierto entre medios de comunicación, quienes pretenden un SÍ o un NO rotundo, algo imposible en Biología. Y la opinión pública exige saber si esto es bueno o es malo. Algunos han interpretado que es bueno, pues ha habido pocos contagios y de ahí infieren que el confinamiento ha sido un éxito. Y otros que es malo, pues en caso de rebrote habría poca población con defensas, y que quizá el confinamiento no haya servido para mucho. Otra cosa es si la mera aparición de IgG garantiza al 100% inmunidad.

El estudio busca saber cuántos pacientes han desarrollado Anticuerpos IgG frente al virus, tomando dicho parámetro analítico como marcador para adjudicar el estatus de “inmunizado”. Teóricamente es cierto en la actual teoría inmunológica.

  • El estudio comienza con una selección de población “elegible”, y de 102.803 seleccionados sólo 60.893 quedan al final (no elegibles, negativas a participar y otras razones). De forma que hay ya un factor que nos aleja de la realidad, ya que el panel queda algo desvirtuado. Al usar un panel, la muestra seleccionada puede no ser representativa de la población general, y menos cuando buscas una respuesta inmune tremendamente variable poblacionalmente.
  • Pero lo más, llamémosle, llamativo, son las técnicas analíticas utilizadas. El estudio indica: “Para la medición de anticuerpos anti SARS-Cov-2 decidimos utilizar dos tipos de test: incluye un test rápido de inmunocromatografía, que permite obtener resultados in situ para el conocimiento de los participantes y evita la venopunción y, en los participantes que accediesen a donar una muestra de sangre, una determinación de anticuerpos IgG mediante inmunoensayo, dentro de las técnicas actualmente disponibles esta determinación sería nuestro gold-standard. Tiene el inconveniente de necesitar practicar una venopunción, lo que hace disminuir la tasa de participación. La combinación de la información aportada por ambas técnicas (corrigiendo la menor sensibilidad de la primera con los resultados de la segunda) permitirá maximizar la representatividad y la calidad de la información”

De forma que la inmunocromatografía se usa como test rápido de cribado para caracterizar a los participantes, para luego hacer ya un inmunoensayo como “método de referencia”. En cualquier caso, hace falta tener un antígeno viral (una proteína del virus) que sea específica de dicho virus, frente a la que el organismo ha liberado anticuerpos específicos. Y siempre asalta la gran duda sobre la especificidad de los tests. ¿Son esas IgG específicas del SARS-CoV-2, o pueden ser “recuerdos” de otro coronavirus semejante que ya estuvo por aquí y del que nadie se enteró?

Declaran los autores del estudio sobre este tema: “En este momento, los datos del inmunoensayo de los que disponemos son parciales y no están disponibles en todas las CCAA, por lo que este informe aporta información obtenida solamente mediante el test rápido. El test rápido elegido (Orient Gene IgM/IgG, de la empresa Zhejiang Orient Gene Biotech) tiene, según el fabricante, una sensibilidad del 88% y 97% para determinar IgM e IgG respectivamente, y una especificidad de 100%. En estudios de fiabilidad realizados para ENE-Covid19 se comunicó una sensibilidad del 73% y del 79% respectivamente para IgM o IgG, y una sensibilidad del 85% considerando positividad en cualquiera de los isotipos, con una especificidad del 98% para IgM y del 100% para IgG”.

Si no se entiende mal, los resultados solo recogen los del test rápido, para el que el fabricante reclama nada menos que un 100% de especificidad, algo no muy creíble. Los datos propios de fiabilidad para el estudio son también magníficos, tanto en sensibilidad como es especificidad. Pero ambas variables, especificidad y sensibilidad no se llevan bien, y si una es muy alta la otra puede ser muy baja. La especificidad alta te previene de falsos positivos y la sensibilidad de falsos negativos. No creo que haya podido hacerse un estudio de fiabilidad “fiable”, con tan pocas muestras y tan poca experiencia clínica y analítica.


Por tanto, este estudio no es ni bueno ni malo, simplemente es algo orientativo para poder saber cual es el grado de inmunización de la población, a falta de un auténtico estudio de seroprevalencia. Da la impresión de que el poder político tenía que demostrar que se estaba haciendo algo y a los investigadores les han encargado hacer algo y reconozco que con los mimbres que tenían la cesta no les ha salido mal del todo. Como se puede ver en el estudio, se abstienen de extraer conclusiones, se limitan a dar muchos números y dejan a los tertulianos que los interpreten como mejor les plazca.

Pero la cuestión latente de fondo es si una baja inmunidad, si se confirma el 5%, es un riesgo de futuro inaceptable, o si en realidad es del 25% o más, lo cual sería un alivio. El modelo “sueco”, consistente en confinar de forma ligera, sin estropear mucho la economía y sin organizar la vida de la gente más de lo necesario, ha parecido funcionar. Sus datos de mortalidad y contagios no parecen una hecatombe. Y quizá ha permitido un nivel de inmunidad mucho más alto, con un futuro mejor. Por otra parte, habría que explicar a muchos periodistas, vociferantes tertulianos y al exministro Miguel Sebastián (metido a bioestadístico de guardia en La Sexta) que los modelos de “regla de 3” que usan para decir: si no hubiera habido confinamiento habría habido 500.000 muertos, mediante el expeditivo método de multiplicar las cifras de hoy por un factor que ellos mismos eligen. Sin caer en la cuenta de que no son modelos lineales, sino logarítmicos o polinómicos, o son funciones estadísticas muy complejas.

A día de hoy, solo podemos concluir que la carencia de datos es clamorosa, hay muchos números que dicen muy poco. Así;

  • El informe de fallecidos diario que nos presenta Fernando Simón habla de “fallecidos en las últimas 24 horas”, pero son “fallecidos notificados en las últimas 24 horas”, por lo que convendría usar media móvil de 5 días anteriores. Así se vería mejor la tendencia.
  • Tampoco se informa sobre historia clínica de los fallecidos, y circunstancias de la muerte: hospitalizados, en casa, residencias….
  • No hay autopsias, por lo que se desconoce con certeza si se ha muerto con el virus o por él.
  • No se informa de las circunstancias de los nuevos contagios: ¿En qué condiciones, qué vida llevaban? No vaya a ser que los contagios se produzcan en circunstancias muy determinadas y nos estemos perdiendo algo importante.

Por todo ello, esta epidemia es un magnífico ejemplo de lo que pasa cuando los políticos y los periodistas toman el mando, los científicos-funcionarios se presentan como “expertos” y los verdaderos científicos otorgan y callan (a veces no tienen otra opción, todo hay que decirlo).

Nota: Antes de que algún periodista me escriba indignado, aclaro que me refiero a quién me refiero.

https://www.redaccionmedica.com/contenido/images/ENE-COVID_Informe%20preliminar%20cierre%20de%20la%20primera%20ronda_13Mayo2020%20%281%29.pdf