Tras la avalancha informativa de estos días con el caso de Cristina Cifuentes y su “master del universo autonómico” no me resisto a reflexionar sobre lo que es un “curriculum vitae”, CV en acrónimo al uso.
He leído muchos CV en mi vida, y he escrito muchos para mí mismo, lo normal en una vida profesional agitada. En la mayoría de los casos observo bastante desorientación, y una gran confusión entre lo que es importante y lo que es, o bien accesorio, o bien superfluo del todo. Todos hemos visto esos CV en los que no puede faltar el curso de buceo, el diploma en relaciones sociales – sea eso lo que sea – y hasta los cursos exóticos del INEM, hoy SEPE, como los de cata de vinos y gastronomía deconstructiva.

Siempre se ha dicho que algunas personas pueden hacer su CV en una sola línea, como por ejemplo Ana Botín, Presidenta de Banco. Las piruetas aparecen cuando no hay mucho que decir, y hay que rellenar papel como sea. Cuando la mediocridad no se puede esconder, lo cual no tiene nada objetable si se es una persona joven al inicio de su carrera. Pero es bastante patético cuando ya se es madurito y se cree que hay que darse un barniz intelectual y académico dada la fragilidad del historial. En el caso de los políticos la cosa es inversa: ensalzan su CV una vez que han conseguido lo que querían, sea un asiento de diputado, una concejalía, o una presidencia autonómica. No al revés, como los profesionales, que lo hinchan precisamente para conseguir el anhelado puesto. Parece que los políticos buscan refrendar y dar solidez a su gestión amparándose en un potente CV, como si dijeran: Ojo, que yo soy diplomado es esto y tengo autoridad intelectual.

Esta avidez inflacionaria de CV aparece con la última generación de políticos, bastante mediocres, hayan estudiado esto o aquello. No le hacía falta a Leopoldo Calvo Sotelo que era doctor ingeniero, ni a Josep Borrell, ingeniero y doctor en Economía, ni a Javier Solana, doctor en Física. Ni a Josep Piqué, doctor en Economía y licenciado en Derecho. Pero sí les hace falta inflacionar el CV a muchos de la siguiente generación, como Elena Valenciano, quien de tener “estudios de derecho” pasó a ser licenciada en Derecho; también a la ingeniería industrial de Patxi López, nunca acabada. Y ahora el episodio de Cifuentes y la Universidad RJC. Entre los mandos de Podemos y afines se da con alta frecuencia la licenciatura en “Integración Social”, de incierto origen. Me gustaría saber en que Journals se han publicado determinadas tesis doctorales de políticos. En Pablo Echenique las encuentro. En la de Pedro Sánchez no tanto.

Uno se pregunta como justificar tales simplezas, cómo es posible que pretendan que un “master” dé el lustre intelectual que jamás tendrán aquellos que de las Juventudes del Partido pasaron al escaño de diputados de forma express, si bien, en el caso de Cifuentes hay que reconocer que fue funcionaria de la Universidad. Algo es algo. Esos masters son por lo general bastante pobres en contenidos, y suelen ser más foros de opinión política que algo formativo, o al menos informativo. Yo he impartido bastantes cursos y seminarios y he visto con horror como algún alumno los incorporaba al CV, y lo que era un corto seminario sobre Biosimilares se convertía por arte de magia en un “Curso Avanzado de Biomedicina”, y que lo duraba unas escasas 24 horas sufría efectos relativistas de dilatación del espacio-tiempo para tener 200 horas lectivas.

Más recientemente he tenido un caso en el que una delegada comercial falseó su CV, alegando ser “Licenciada en Marketing”, en una escuela de negocios inexistente. Al conocerla uno se daba cuenta que su nivel cognitivo era no ya bajo, sino subhumano. La empresa quiso usar esto como motivo de despido procedente, pero un recto magistrado de lo social no apreció conducta ilegal en esto. Se declaró improcedente alegando que el CV no constituye un elemento de fuerza jurídica. Y ahí radica quizá una de las bases del asunto: El CV se considera un lírico cantable, no una declaración de bona fide. No tiene efectos jurídicos, salvo que sea documento público falseado. Lo cual parece ser el caso de la Universidad RJC, si bien aún no demostrado.

En el mundo de la empresa, y más concretamente en los procesos de selección, que es para lo único que sirve el CV en su forma documental, se ha llegado también a situaciones grotescas. No es ya el curso de buceo, ni la experiencia en teatro experimental, sino que aparecen licenciaturas y diplomaturas que mueven a la sonrisa, cuando no a cuestionarse la pre-idoneidad del candidato. Si el seleccionador lee “Diplomado en Técnicas de Retroalimentación Social” pueden saltar las alarmas, o “Licenciado en Marketing Emocional”.

A esta deriva han contribuido mucho algunos determinados expertos en Recursos Humanos, que insisten una y otra vez en que se redacten CV de tipo novedoso, es decir, no explicando lo que se ha estudiado y en lo que se ha trabajado, y a partir de ahí inferir el valor del candidato, sino al revés: primero valor aportado y luego argumentos académicos y empresariales. Si como seleccionador se me llevan los demonios cuando veo estos CV, pues son a veces ininteligibles, como seleccionado me las veo y me las deseo para pensar en modo reverso, y poder escribirlo. Cuando he utilizado una consultoría de selección he tenido enfrentamientos con dichas empresas por el informe que me presentaban de candidatos. Yo insistía que sólo quería saber títulos universitarios, si era el caso, y empresas y puestos en los que hubiera estado. No señor, me decían, es muy importante saber si el candidato ha hecho voluntariado social, o ha sido lateral derecho en el equipo de fútbol local, pues eso demuestra habilidad social y empatía. No se trata de ganar un concurso de popularidad, sino de dirigir una fábrica, señor mío, contestaba yo.
Pero, se les olvidaba mirar el CV de forma crítica. Cuando observabas que algo no encajaba, que no podía haber sido Director de Garantía de Calidad en 2008 en la Empresa Tal por la sencilla razón de que en ese año me reuní con el Director de Garantía de Calidad y era una señora. Transgéneros aparte. Y a la contraria, descartar un buen candidato por ignorancia supina: ha cambiado mucho de empresa, vea usted, cinco cambios en diez años. ¿No se ha fijado que es la misma empresa, que fue comprada por A en 2006, se fusionó con B en 2008, cambió de nombre en 2010 y le trasladaron a una filial en 2012?
Se pedía rigor y no arbitrariedad, y mucho menos esos gráficos multivariable, de pretendido y arrogante “valor científico”, que parecen telas de araña, en los que intentan enseñarte como el candidato es alto en sociabilidad, bajo en cooperación, mejorable en toxicidad…. Pero no te dicen nunca si sabe o no adaptar una planta farmacéutica a los requerimientos de la Food & Drugs Administration (FDA), que es lo que me importa. Por ello, los CV están llenos de vacuidades, se hacen complejos de leer, salvo que conozcas muy bien al candidato, y lo peor: no sabes si es válido o no.

No es ajeno a esta confusión curricular el Plan Bolonia, que ha difuminado las cosas y hace perder claridad, con sus sistemas de grados y posgrados, ni las ofertas de Universidades Privadas de masters de dudosa cualificación, a los que ya se ha apuntado la Pública, dados los beneficios que económicos que traen para la institución Docente. Debe entenderse, además, que hay un cierto clasismo o “titulitis”, en román paladino, y muchas persona muy válidas e inteligentes, temerosas de no ser valoradas por el hecho de no haber podido estudiar, tienden a mentir o falsear sus estudios. Deberíamos dar confianza a los candidatos, dejarles claro que no importa lo que pasó o no pasó hace 20 años, que le has llamado porque sabes que ha logrado solucionar un lío mayúsculo en otra empresa y a lo mejor es capaz de repetirlo en la tuya, que tiene líos parecidos.

En esta red, LinkedIn, se pueden ver estas distorsiones, muy especialmente en esos “perfiles” que parecen hechos por asesores de comunicación, sea la “marca personal” que dicen por ahí. Así vemos frases asociadas a algún miembro de a Red en las que reza – literalmente – “Siempre buscando nuevos retos”, “Creyendo en las personas”, “Pensando en positivo”, y muchas más altisonancias, las cuales se trasladan al perfil de Whatsapp.
En este asunto de los CV conviene recordar la celebrada frase de Napoleón, cuando sus mariscales le proponían nombrar como comandante de un ejército a un general, que “era número uno de su promoción”, y “diplomado en la escuela de artillería”. El bajito Emperador respondía: “Muy bien, pero… ¿tiene suerte? … porque de lo contrario no nos vale para nada”.

En consecuencia, busquemos personas y no perfiles, y Curricula Vitae sin creatividad.