A finales del siglo XV, se propagó la noticia de que un niño había sido asesinado por judíos conversos en La Guardia (Toledo), a fin de sacarle la sangre para rituales cabalísticos. Se formó un proceso por la Inquisición y varios judeoconversos fueron ejecutados en la hoguera. Se dice que fue uno de los acicates que impulsó el decreto de expulsión de los judíos de España. El caso es que nunca se supo quién fue el Santo Niño de La Guardia, ni quien era su familia. Fue una “fake news” de la época.

Al parecer bajo el nombre de “fake news” se aglutina todo aquello que puede calificarse desde medias verdades a medias mentiras, incluso llegando a mentiras absolutas. Añadamos que se busca además un interés político o social, a veces simplemente un activismo ideológico, en esas ideologías que confunden ideas con dogmas de fe. Excluimos aquellas informaciones de índole humorística, como los contenidos de El Mundo Today, o la extinta Codorniz. E incluimos todas las pseudociencias.
Sus dimensiones deben ser tan grandes que hemos visto como las más influyentes redes sociales, como Facebook, adoptan planes para abortarlas y algunos gobiernos como el español hasta proponen un control de prensa. Creo que la cuestión principal no son las “fake news”, sino los “fake readers”. Es decir, el nivel intelectual de los que las leen y las admiten como verdades irrefutables. De todos aquellos que carecen del más mínimo nivel racional para distinguir lo creíble de lo increíble. Y por desgracia cada día son más y con mejores medios de difusión.
No pensemos que los hipercrédulos son las antiguas turbas al asalto, hábilmente manejadas por manipuladores, como el ejemplo del Santo Niño de La Guardia que mencionamos al principio. Hoy tenemos a gentes con supuesto nivel intelectual que se las creen y aún las defienden. Ejemplos no faltan: Carles Francino, periodista y conductor en la SER, afirmó en micrófono abierto que: ““La homeopatía y la acupuntura son cosas absolutamente serias”. La Universidad de Valencia ha retirado tras varios años en su oferta, diversos “masters” en pseudociencias. Joan Saura, miembro del gobierno de Cataluña, apoyó el “Feng Shui”. Y debe recordarse el “innegable” islamismo de Obama, o el supuesto “asesinato” de Emilio Botín a manos de su yerno.
No siempre son falsedades. Las más peligrosas son las que hacen dogma de hechos que deben ser sometidos a crítica, como cualquier hecho. Un tema muy actual es el del impuesto al diesel. El propio presidente del Gobierno en una entrevista afirmó que el diesel es el combustible más contaminante. Y punto redondo, no ha lugar a discusión, ese es el auténtico problema de las fake news. Que no haya lugar a discrepancias. El Señor Sánchez seguramente ha oído, o le han dicho que diga, sospecho, que el diesel emite más partículas que el de gasolina, fundamentalmente NOx (óxidos de nitrógeno) y SOx (óxidos de azufre). Es cierto, pero no dice que el diesel tiene mayor eficiencia energética y que emite menos CO2 (efecto invernadero) que el de gasolina por kilojulio entregado. Tampoco dice que los óxidos de nitrógeno y azufre son solubles en agua y con la lluvia caen al suelo (en realidad se combinan con el H2O para formar los ácidos nítricos y sulfúricos en su versión más corrosiva, la lluvia ácida, que tampoco es una tontería), mientras el CO2 permanece en la atmósfera, a menos que sea captado por la fotosíntesis y otros mecanismos. Si el objetivo es el medio ambiente parece que el balance no se consigue mucho. Cuando nos hablan de los vehículos eléctricos como la solución final al problema de la contaminación en las ciudades, no nos hablan de la procedencia de esa energía eléctrica, que será de una central térmica bastante contaminante o de una central nuclear francesa. Dicho de otra forma, cambiamos la contaminación de sitio.
Lo mismo ocurre cuando hablan de energías renovables, haciendo entender al público que son una especie de bendición divina, y muchos creen que lo de renovable significa eterna, reciclable, gratis y hasta beneficiosa para la salud. No existen energías renovables, a menos que el 2º Principio de la Termodinámica haya sido derogado. Además, las renovables dependen mucho de los elementos: días de sol, nubosidades, vientos calmados, caudales de ríos y son por tanto discriminatorias con aquellos países muy boreales, muy australes o muy secos.
Estos días hemos sido aleccionados en las televisiones sobre “las inusualmente altas temperaturas” que ha habido en España. Nos mencionan las máximas, a poder ser en la Bética. Pero no nos mencionan las mínimas, que han sido “usualmente normales”. Y la coletilla final: “una muestra más del cambio climático”, confundiendo como siempre clima con tiempo.
El caso es que los españoles somos de los que más nos creemos las fakes, según un estudio de IPSOS (https://www.ipsos.com/es-es/los-espanoles-los-europeos-que-mas-caen-en-las-trampas-de-las-fake-news).

Mi tesis es que solo te engañan si te dejas engañar. Y solo te dejas engañar si no dispones de un mínimo equipaje de conocimientos y de ánimo crítico. Si me dicen que los atentados del 11-M fueron un plan organizado por miembros del PSOE, los servicios secretos libios y el Señor Soros, confabulados en alguna cripta secreta, para ganar unas elecciones en forma amañada y sacar al PP del poder, tengo mis dudas para creérmelo. Los elementos racionales que utilizo para desechar esa interpretación son simples: los ejecutores yihadistas son especialmente ególatras, y alguien en Kandahar hubiera salido en un video dando pelos y señales de las reuniones a fin de jactarse de que habían derrocado un Gobierno.
Pero si me dicen que el asesinato de Carrero Blanco pudo ser apoyado por la CIA, tengo algún elemento racional para creérmelo: socavar un túnel a unos cientos de metros de la Embajada de EEUU sin que la seguridad americana se enterase, arroja dudas razonables. Si, además, el plan lo llevan a cabo cuatro etarras bastante patosos (solo les faltó pasearse con txapela e ikurriña por la Puerta de Sol cantando el Eusko Gudariak), añado otra duda razonable. Y me quedo con el “pudiera ser”.
Si me dicen que Picasso cobró 11 millones de Euros por el Guernica, al cambio actual, lo que hago es buscar cuanto se le pagó en 1937 en francos antiguos. Fueron 200.000 FFA (francos antiguos), según documentos de Luis Araquistáin y Max Aub, negociadores del Gobierno de la República con el pintor. Puede que para actualizar el FFA de 1937 con el Euro de 2018 alguien haya olvidado un hecho importante al convertir al Euro. En 1959 el FFA desapareció sustituido por el FFN (franco nuevo), con la equivalencia de 100 FFA = 1 FFN. Luego fueron 110.000 €. Pero los cálculos de inflación son dudosos en épocas tan antiguas, y pongo en duda el cálculo. Busco lo que costaba un Citroën 11 Avant en 1937 y veo que unos 20.000 FFA. Es decir, que Picasso hubiera podido comprarse 10 coches de clase media-alta con ese dinero, o como hoy comprarse 10 coches de 50.000 € cada uno. O sea, cobró unos 500.000 € por el Guernica. La Fake de 11 millones persigue calificar a Picasso de “pesetero”. La de los 110.000 € busca lo contrario: un luchador antifascista y altruista. Ni lo uno ni lo otro, ayuda a la República, pero no gratis. Precio de amigo.
Muy a menudo leemos y oímos que tal organismo internacional ha avalado o condenado una actuación política, desde un referéndum de independencia hasta una comisión bancaria. Profundizando se encuentra que dicho aval o condena lo ha emitido una comisión asociada a dicho organismo, o algún consultor caradura que alguna vez trabajó para dicho organismo. Vemos como los tertulianos esgrimen “informes científicos” que demuestran la relación entre un hecho y una consecuencia. Los informes son en realidad artículos de opinión. Tampoco parece que haya un ánimo de crítica con las fuentes, se da la misma cualificación a un “journal” debidamente contrastado que a una opinión, generalmente bastante indocumentada, cuando no sesgada.
Pocas veces se ve un análisis razonado sobre las fakes, por inverosímiles que parezcan. Esa prudencia que antes llevaba a decir: vamos a esclarecer los hechos y después tomaremos las medidas pertinentes, si es que hay caso. Pero el mundo de las redes y las tertulias no admite demoras, todo ha de ser en segundos. De ahí las inmensas meteduras de pata de políticos y tuiteros.
Por tanto, yo no creo que el meollo de la cuestión sea como controlarlas, o censurarlas, que algún intento hay, ni supinos códigos éticos para periodistas. Está más bien en el enorme problema educativo que tenemos, que no sólo es algo para niños y jóvenes, sino sobre todo para adultos. Los padres “anti-vacunas” no son gañanes analfabetos. Los que creían en el espiritismo a finales del XIX eran de la clase alta o incluso de la aristocracia. Los que vieron OVNIS por todas partes en los 50 eran de la clase media americana. Los que leían libros de Erich Von Däniken en los 70 éramos los estudiantes universitarios, no los “chelis” del inframundo madrileño. Los que se toman Amoxicilina ante los síntomas gripales y Omeprazol como preventivo de una noche etílica son brillantes abogados del siglo XXI. Los que venden libritos evangélicos por la calle, proclamando la creación del universo en 7 días no parecen campesinos medievales. Hay muchos influyentes profesionales que elevan a hechos reales las aventuras transmediterráneas de María Magdalena y el Grial que nos cuenta Dan Brown.
En estos días se celebra el retorno de la asignatura de Filosofía a la enseñanza media. Nos dicen que con ello la gente sabrá pensar en forma racional. Lo dudo, pues la Filosofía que se enseñará no será Sabiduría, sino especulación introspectiva de eso que se llaman pensadores.Al decir de un conocido científico un pensador es un científico muy vago, a quién le da pereza demostrar con experimentos lo que afirma. El archifilósofo, Aristóteles de Estagira, fue el creador de las mayores fake news de la historia: el geocentrismo, la inmutabilidad de los cielos y los elementos fundamentales (aire, tierra, agua y fuego). Y la fake duró casi 2.000 años. No sirve en su disculpa que carecía de instrumentos para investigar. Es que ni lo intentó. Ni le importó que años antes Demócrito y Leucipo ya habían postulado los átomos, y los 4 elementos sobraban. Muy poco después Aristarco de Samos ya proponía el heliocentrismo, y faltaban 1.800 años para que Copérnico lo rematara. Pero la fake se tomó su tiempo y se convirtió en dogma. Enseñará a pensar, y por tanto a luchar contra lo fake el método científico, donde el escepticismo metódico tiene su lugar presidencial y la prudencia ante la falta de datos su norte y su sur. No se estudiará algo fundamental: El Químico Escéptico de Robert Boyle y el Discurso del Método de Descartes, más los Elementos de Euclides.
Mientras, esperamos la fake del día, y sus 50.000 comentarios en Twitter. Las redes echan humo, dirán.