Como cantaba Serrat, harto ya de estar harto ya se cansó. Asiste Juan Ciudadano atónito y ya aburrido al espectáculo que observa día a día, en streaming y en formato Gutenberg. Ve Juan como los políticos hablan y dedican su tiempo (que Juan paga) a sus egos y rabietas internas, y a Juan esto le importa un bledo.

Ve como el PP y Cristina Cifuentes se enredan en si yo distraje unas cremas, o hice un master que no hice. Horas dedicadas a especular si Esperanza Aguirre y los Púnicos y Lezos se están vengando, o si la sombra del Ser Superior, el Dueño del Aznarato de mejores tiempos, es alargada.

Observa como en PODEMOS le ofrecen una versión 4.0 de las luchas de Stalin y Trotski de los años 20 del siglo XX. No le importa ni una higa que Pablo e Irene vayan a ser padres o tíos, ni que Carolina Bescansa se disfrazara por un momento de Lady Macbeth y esgrimiera el puñal de la traición contra el Amado Líder. Ni mucho menos si en Cádiz o en Coruña se usa el nombre PODEMOS o el nombre LO INTENTAMOS.

Le importa un carallo que en Cataluña haya sectores del PDeCat pro o anti Puigdemont, o si Ada Colau se confunda emocionalmente con el Almirante Cervera y Pepe Rubianes, ni que a sus colegas de Madrid les obsesione como se llama una calle y cosas que ocurrieron hace decenas de años y de las que nadie se acuerda ni quiere acordarse.

Le sobran los cotilleos internos del PSOE, si Pedro Sánchez es bien o mal recibido en Sevilla, o le ningunean en Mallorca sus hermanos ideológicos. O si Susana Díaz le tiene enfilado o más bien le considera un don nadie, con menos tiempo de caducidad que unas ostras.

No le gusta que el periodismo actual sea informador de los líos de los políticos y no informador del Buen Gobierno de la Polis, o sea la Politiké griega. Y considera Juan Ciudadano que las ideologías son para los ociosos y con la vida resuelta. Así, se le revuelven las criadillas cuando lee, ve, oye y escucha que alguien bloqueará una ley, o impedirá la formación de Gobierno por ser contrario a su ideología. Mire usted – que dirían en el Aznarato – su ideología no nos interesa, usted no está aquí para embellecer su dignidad y su pase a la Historia, sino para resolver MIS PROBLEMAS. Si coinciden con los suyos, que es lo que debería ser, albricias y parabienes.

Está harto de oír (ya no escucha) a infantiles líderes hablar de su ideología de izquierdas y de su consiguiente superioridad moral. De gente pregonando que hay que abrir un debate ideológico, del cual sospecha que en el fondo no es más que una charla con fin de semana en El Escorial, que paga él. Ideologías que no pasan de una serie de frases y slogans.

Cuando Juan pierde ya la paciencia, lo que ocurre muy a menudo, se asusta de lo que piensa y no dice. Y se ha sorprendido a sí mismo hablando con la almohada: “Es que me da lo mismo que Trump haya sodomizado al Pato Donald, lo que quiero es que no ponga trabas comerciales, que son malas para mi negocio”.

Quisiera Juan Ciudadano lo siguiente:

–       Un PP menos anclado a lo que opinan parte de sus votantes, a los que llama “Barrio de Salamanca”, muy intransigentes en temas religiosos y de moral sexual, con ciertas ideas de Patria bastante momificadas. Un PP realmente liberal en economía, y no solo de boquilla, para evitar ver a Esperanza Aguirre presumir de liberal, pero dispuesta a todo por controlar la antigua Cajamadrid, y rodeada de extractores de renta pública, Púnicos y Lezos, más Gürtelianos. Un PP liberal en Economía y en todo lo demás.

–       Un PSOE menos tontificado, aún lleno de frasecitas del buenismo zapateril, que no trajo nada de lo que prometió y todo lo que no prometió. Un PSOE menos sectario, y con sentido del Estado, con menos o ninguna tentación expoliadora de rentas privadas. Recuerda lo que se dijo de la entrevista entre Felipe González y Willy Brandt, a finales de los 70. El SPD alemán dio dinero – como la Democracia Cristiana de Italia se lo dio al PP – y consejos: “Mira, Felipe – dijo Brandt – yo también pensé al acabar la guerra que en Alemania triunfaría el socialismo marxista como reacción al nazismo, como tú crees que el marxismo del PSOE será aceptado en España como reacción al franquismo. Pero me encontré que el país era conservador y de propiedad privada. Y tú verás lo mismo en tu país” Y así fue. El PSOE barrió en las elecciones de 1982 porque ya no era marxista.

–       Demanda un Ciudadanos que se olvide de su nacimiento catalán y piense que Galicia y Navarra también existen, y que revise sus programas económicos, que deben ser algo más que un ejercicio de doctorado en Económicas, con menos triunfalismos en lo que dicen haber conseguido, al margen de una raquítica ley de autónomos.

–       Un PODEMOS que vaya más allá del simbolismo testimonial, que se preocupe por la “gente”, y menos por el nombre de las calles, que entre de verdad a solucionar los problemas de Juan, y no intentar conseguir el Gobierno de Madrid con mociones de censura sin sentido. Juan desea y anhela conocer su programa, pero al igual que el de otros partidos es un arcano oculto, solo cognoscible por los iniciados

–       Exige Jon, que el PNV se deje de banderas históricas y de gudarismos carlistas, y que no mezcle habas con lentejas, defienda o tumbe los Presupuestos Generales porque sean buenos o malos – y para Jon lo son, pues el cupo vasco sale muy beneficiado – no porque el 155 esté vigente en Cataluña o no.

–       Desolado está Joan en Barcelona, ante la telenovela latina que le pasan a diario y que sigue con desazón: “Carlos Enrique, sabes que jamás podrás volver a Macondo mientras el licenciado Mariano José esté como capataz en la Hacienda El Toro Bravo. Volveré, los braceros me adoran. La señorita Inés Carlota tiene muchos adeptos, pero es muy tímida, no hace nada si el Señor Alberto Carlos no lo aprueba. Y el Licenciado Iceta se encuentra muy deprimido. Mientras la Señora Ada no se decide por otorgar su amor a unos u a otros”

Cuando se trata de formar Gobierno, o de sustituir a presidentas caídas, observa los silogismos que se establecen: El PSOE puede formar gobierno, siempre y cuando se abstenga Cs, el cual votará que no si PODEMOS vota que sí; pero el PP votará que sí, en caso de que el PNV también lo haga. El cual se abstendrá si el candidato de Cs tiene posibilidades de triunfar. Si y solo si la CUP no la lía y se ausenta de la votación, o si en PODEMOS hay disciplina de voto y las Mareas no van por libre. Pero ojo, que algún medio de comunicación no saque algo del candidato en primicia y tenga que dimitir – no se sabe de qué, pues no es ni candidato – y a buscar otro que guste a todos. Lo que nunca ocurre.

Lo que en el fondo quisiera es que se formaran Gobiernos por combinación lineal, es decir:

PROGRAMA = A X PP + B X PSOE + C X Cs + D X PODEMOS + ………. + W X ÚLTIMO MONO

Donde A, B, C, D ….. W son los % de voto obtenido. De esta forma, razona ingenuamente Juan, el PP tendría que renunciar a parte de sus “principios inquebrantables”, y los demás también.

Pero olvida nuestro héroe que no se trata de poner en marcha un programa o un presupuesto, sino que se trata de mandar, que no de gestionar. Te vas y me pongo yo. No es este un país que pueda ver al rival como socio, sino que necesariamente ha de ser especie a extinguir, o eliminable sin misericordia. No actúan como Bruto y Casio contra Julio César pues ya no está de moda. Un país donde el Señor Griñán y el Señor Chaves afirman en el juicio de los EREs que ellos no se ocupaban de eso. Ese es el concepto de gestión que tienen: yo estoy para hacer política (¿…….?).

Ayudaría a la causa renovar el periodismo de show que tenemos, que fuera más allá de la anécdota, que no dijera continuamente que estamos ante un día histórico cuando un diputado dimite por haber sido visto con un efebo de pago en la noche madrileña o barcelonesa. Y como asistentes al show deberíamos ser un poco chulos, y cuando alguien nos dice que hay que eliminar a un grupo político o a un individuo metido en política porque copió en un examen de COU hace 30 años o porque se metió dos botellas de ginebra en la fiesta de antiguos amigos de la mili, contestemos: Y qué. Si ha metido la mano, es un delito, le juzgamos y se acabó, y “agur Ben-Hur”.

Juan Ciudadano exige, porque paga, que el proveedor de servicios de gestión se lo tome en serio, y en su tiempo libre que haga lo que quiera.