Cualquier autónomo sabe que todos los años recibirá una notificación de la Agencia Tributaria (AEAT) exigiéndole que justifique los gastos deducibles de telefonía móvil, coche de “renting”, desplazamientos y en el colmo de la desfachatez “fiscófila” que dé los nombres de las personas a las que ha invitado a comer para admitir facturas de restaurante. Es decir, justificar y desvelar datos muy privados.
Ante la queja de esta persecución, que trae más gastos en asesoría fiscal, y tiempo gastado en recuperar correos de hace años y medio, el autónomo se queja ante esos amigos que se comportan como cuñados sabelotodo, lo cuales te asombran al decirte: “Porque no sabes, hay que montarse una SL, hay más gastos deducibles y tributas el 25%”. Tras eso, se arrellanan en el sofá, y se bañan en alabanzas por su sapiencia.
Pero no tienen razón. Un autónomo puede convertirse en SL, claro que sí. Pero se encontrará con diversas dificultades:
– Si no tiene empleados, que será lo normal como profesional independiente, la AEAT se mosqueará, y sentenciará que es una sociedad para encubrir una actividad personal, y que por tanto debe ser por IRPF, es decir, al 45% como tipo máximo marginal.
– Deberá cumplir con muchas más obligaciones que siendo autónomo, exigibles a sociedades.
– Montar un SL es fácil, pero desmontarla es una odisea
– Y lo peor, para pagarse a sí mismo deberá ser autónomo, y por tanto, estamos en las mismas trochas y veredas.
– ¿Ventaja? Pues que puedes cargar gastos personales a la empresa. Pues no señor, porque no serían deducibles, y además te lo pueden considerar salario encubierto, y a tributar, con multa e interese de demora.
Por tanto, el autónomo está restringido por babor y por estribor, y es presa fácil de cualquier actuario de la AEAT. ¿Quién puede demostrar sin resquicio para la duda que los 40 € de gasolina se han empleado en ir a ver a un cliente o en ir al cine?
Pero hay una solución. Ser ministro o alcalde, o esperar serlo porque te nombran candidato. Hemos visto los casos de Maxim Huerta, del astronauta Duque, de la ministra Celaá, del alcaldable Pepu Hernández, y de muchos más. Todos ellos tienen o han tenido SLs instrumentales que les han permitido ahorrar impuestos. Y ninguna tenía que se sepa empleados, luego era una actividad profesional privada encubierta como sociedad mercantil. ¿Ha habido notificaciones de la AEAT? ¿Se les ha discutido si cargaban gastos de pintura o jardinería de las propiedades que dichas “sociedades” adquirían? ¿Las conferencias de Pepu las ha facturado la sociedad, y han tributado por sociedades y no como IRPF? ¿Cómo recuperaba lo facturado para sí mismo, o es que vivía del aire?
Ya sé que todo esto es muy demagogo, y que alguien me dirá que es perfectamente legal. Si así es, ¿por qué a los autónomos nos bombardean con discusiones sobre si es actividad profesional o no?
Debe ser que como en la granja, unos son más iguales que otros.