Con ocasión de la celebración en Madrid del COP 25 estamos asistiendo a una preocupante proliferación de declaraciones que contradicen lo que la Ciencia debe ser: la duda metódica y el escepticismo sistemático. Distinguidos tertulianos, corajudos activistas y amebianos políticos han desatado toda su artillería verbal contra todo aquel que, no ya que fuera “negacionista” del cambio climático, sino contra todo el que no fuera lo suficientemente “afirmacionista”. Así, hemos oído a un Presidente Eterno en Funciones decir que los que nieguen son fanáticos. Una Ministra en Eternas Funciones los llama analfabetos. Y un conocido actor se desmelena llamándoles estúpidos. Personajes menos conocidos, pero amparados en el entramado de propaganda de La Sexta, también se apuntan a calificativos como incultos, atrasados, y la recurrente palabra analfabetos.

El calificativo suele venir sustentado en una máxima uniforme: “Todos los científicos están de acuerdo en que el Cambio Climático es un hecho incontestable, y quien lo niegue debería informarse”. En redes sociales, al hereje negacionista se le conmina con el reglamentario “¡Infórmese!”, que significa en realidad: “Lea lo que yo digo que hay que leer e interprete lo que yo digo que hay que interpretar”. Y como apoyo documental se adjuntan los informes del IPCC, alguna declaración de algún científico a la prensa y bastantes fotos de icebergs desprendiéndose de la Antártida.

Pero cuando se analizan las opiniones de los científicos se observa que no son trabajos empíricos, sino en su gran mayoría artículos socio-científicos, recopilación de artículos publicados sobre diferentes temas y en su gran mayoría opiniones y no hechos. Muchos de estos trabajos autodenominados científicos acuden de forma abusiva al “supermercado de datos” que hay en Internet, mezclando datos que provienen de trabajos empíricos muy diversos y con metodologías no comparables. Si, además, se mezcla con la contaminación atmosférica, los plásticos y la biodiversidad, el barullo es ya notable.

Intentemos poner un poco de orden, en forma de postulados:

1.- En un sistema termodinámicamente no aislado, la presión parcial de Dióxido de Carbono (CO2), fundamentalmente, determinará la temperatura del sistema. A mayor CO2, el sistema retendrá mayor calor/energía y viceversa, dada la mayor capacidad de la molécula de CO2 para vibrar y absorber radiación infrarroja (IR) que la de O2 (Oxígeno) y de N2 (Nitrógeno).

Y es verdad. Una atmósfera pobre en CO2 enfría el planeta (como ocurrió en otras épocas). Es más, sin CO2 y otros gases de efecto invernadero como el metano (CH4), la temperatura del planeta sería de varios grados bajo cero. Lo que impediría la vida, aparte de hacer imposible la función clorofílica. Y el planeta intercambia calor con el espacio exterior (le cede calor), como todos. En realidad, se trata de un estado de equilibrio entre la radiación recibida del Sol y la perdida, en un complejísimo mecanismo radiativo (que no radiactivo).

Por tanto, el postulado del Cambio Climático es cierto: El nivel de CO2 aumenta la temperatura …. en ausencia de otros factores. Y aparecen los demás postulados derivados:

2.- La temperatura media del planeta ha subido por ese aumento de CO2 en tantos grados desde que se tienen registros. La fuente de CO2 es la actividad humana (combustibles fósiles mayormente)

3.- Con los datos anteriores y una predicción de niveles de CO2 a N años, se postula que en el año tal la temperatura media será entre 1ºC y 3ºC superior a la actual. (hay mucha dispersión de cifras, pero esas parecen las más citadas)

4.- Ese aumento traerá consecuencias catastróficas: aumento del nivel del mar, meteorología turbulenta, desaparición de especies, etc.

Pero hay un asunto que hace necesario revisar los postulados, como se hizo con los de Euclides hace años y su geometría dio paso a otras que describían mejor el Universo real. Este asunto es que la temperatura del planeta no depende sólo del CO2. La ecuación simplista que nos dice: T = K. Conc (CO2), donde K es una constante, dice poco.

La temperatura media del planeta se puede medir de muchas formas. Los registros históricos de temperaturas de 150 años (lo suelen fijar al comienzo de la Revolución Industrial) proceden de medidas hechas por estaciones meteorológicas, distribuidas de manera no uniforme en tierra, y de forma muy dispersa en el mar. Más que una temperatura media es una temperatura promedio de algunas zonas. Lo que realmente da una buena medición es la medida desde satélite, que además nos da índices de deforestación, acumulaciones de algas marinas, salinidad de los océanos, y muchos parámetros útiles para estudiar el clima. Vayamos a la duda metódica:

  1. Pero, entonces no podemos hablar de “registros fiables de 150 años”, sino de unos 40 años, cuando los primeros satélites comenzaron a operar. Si además imponemos que debe haber una buena tecnología de digitalización de imágenes, el horizonte temporal se acorta quizá a 20 años. Por tanto, quizá estemos usando datos de pocos años para construir modelos predictivos para los próximos 100 años. Veamos cómo, hasta alguien tan reputado como José Antonio Sobrino, cae en la trampa en una entrevista para El Mundo: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2019/12/04/5de0e63a21efa0f7358b45ec.html

Dice el Dr Sobrino:

“Pregunta: ¿Sus datos constatan el cambio climático?

Respuesta: A partir de 2003, que usamos los datos del sensor Modis, nosotros hemos visto cómo la temperatura del globo ha ido aumentando cerca de dos décimas cada 10 años. Esto, en 100 años supone dos grados. Desde la época preindustrial ya la hemos aumentado 1,1 grados”

Luego los datos fiables son desde el 2003, pero afirma que con datos de 16 años ha comprobado que en 10 años…. Y extrapola a 100.

2) La temperatura media atmosférica no es solo función de la concentración de CO2, sino del equilibrio con los demás gases: Oxígeno (O2), Nitrógeno (N2), que son el 99% de la atmósfera, Metano (CH4) y otros. El CO2 es muy poco en el conjunto, no más del 0,04%, pero tiene un papel fundamental en la retención de calor. El H2O también, y mucho más potente que el CO2, pero no es un gas constitutivo de la atmósfera, sino un componente en equilibrio gas-líquido. Debe estudiarse también el O2, importantísimo para la temperatura. Rara vez se menciona.

3) La Tierra tiene un calor interno, su núcleo está a más de 6.000 ºC, y ese calor por convección mantiene el planeta caliente. Una variación en ese calor altera la temperatura media.

4) La Tierra no tiene una órbita circular perfecta, sino una elipse con variaciones. Y considerando que en uno de los focos de dicha elipse está el Sol (de donde sale la energía) tiene también su influencia sobre la temperatura.

5) El Sistema Solar no está inmóvil en el espacio, se mueve a través de la Galaxia, y puede atravesar nubes de polvo interestelar oscureciendo la luz solar.

6) EL Sol no tiene termostato. Puede pasar por periodos de actividad altos o bajos, con diferencias en la radiación emitida, y con consecuencia obvias en la temperatura de la heliosfera, en la que estamos.

7) El aumento de temperatura puede llevar a un aumento de la evaporación del agua marina, y enviar más vapor de agua a la atmósfera, y siendo el agua un gas de alto efecto invernadero, estaríamos ante un mecanismo de retroalimentación: más CO2, más temperatura, más vapor de agua, más temperatura. Pero también más lluvia y menos sequía.

8) Una atmósfera rica en CO2 favorece el crecimiento de las plantas, las cuales liberan Oxígeno, y el sistema puede equilibrarse por sí mismo.

9) Las temperaturas del fondo oceánico son difíciles de medir, y ahí hay ingentes cantidades de Metano, que si se liberan provocarían un aumento realmente grande de las temperaturas.

Parece que el algoritmo, o la Gran Ecuación del Clima es una función matemática muy compleja, algo así como una combinación de muchas funciones de muchos factores, donde el CO2 es una más.

Temperatura = f1 (CO2) + f2(x) + f3(y) + …………..+ fn(z)

Es cierto que uno de los pocos sobre los que tenemos algún control es el CO2, de forma que, al menos teóricamente, bajar sus niveles no parece inútil, otra cosa es si su influencia es menor o mayor que la de los otros.

Pero poca ciencia va a haber cuando nos encontramos con que el Cambio Climático se ha convertido en una cuestión religiosa, de obligada creencia, y con sus herejías. Con los postulados que antes vimos se construye un dogma y como todo dogma, es irrefutable. Las calificaciones de analfabetos para los que se atrevan a cuestionar algo, o al menos pedir mejores explicaciones, se parecen mucho a las que recibían los heliocentristas por parte de los geocentristas aristotélicos hasta Copérnico.

Mucha gente cree que lo que dice alguien que se autotitula como científico, es ya verdad. Pero un científico no es un magisterio papal infalible, lo que dice no es cierto por que lo diga él, sino porque se ha tomado la molestia de demostrarlo, y someterlo a cuestión por parte de sus colegas y sobre todo por los hechos, a su vez sometidos a escrutinio estadístico. La Relatividad Generalizada no es más o menos cierta porque lo diga un señor de pelo alborotado de apellido alemán, sino porque Mercurio no estaba donde debía estar.

Uno se pregunta por qué hay tan poca contestación por parte de los verdaderos científicos a los dogmas del cambio climático, y por qué no hay iniciativas para hacer modelos multifactoriales sobre el clima y su multitud de parámetros. Por un lado, el clima es un perfecto ejemplo de sistema caótico (en física un sistema caótico no es un sistema “loco”, sino un sistema de muy difícil modelización y predicción). Y por otro, cualquiera que se signifique como sospechoso de negacionismo puede perder estatus académico y fondos.

Y sobre todo por qué ninguna voz se ha alzado cuestionando como es posible hacer predicciones a 100 años con tan débil base empírica.

La mayor parte de los científicos que se citan como demostradores del cambio climático son científicos sociales, recopiladores de datos y a veces divulgadores científicos.

Como conclusión: Si se quiere actuar ante el cambio climático, más ciencia y menos fe. No podemos estar otros 40 años haciendo proyecciones sobre datos tan poco sólidos.