Cuando el rey Pirro de Epiro venció a los romanos en la Batalla de Heraclea (280 aJC) dijo la famosa frase: “Otra victoria como esta y estoy acabado”. Se refería al hecho de que la victoria se había conseguido a costa de pérdidas propias enormes. Es lo que se conoce como una victoria táctica, pero una derrota estratégica. Y eso es lo que significaba “una victoria pírrica” hasta que los periodistos le dieron el sentido de “victoria pequeña”, quizá porque les sonaba a “birria”.

Pues ante el Covid ocurre lo mismo. En este lenguaje de guerra tan caro para el gobierno, obtendremos la victoria, pero estaremos acabados en los órdenes sanitarios, económicos y morales. La derrota está basada en el mantra de obligada creencia conocido como “Quédate en casa” o confinamiento a la brava, sin excepciones ni análisis crítico posible, en la recia tradición ibérica de “porque lo digo yo”. Conviene recapitular:

  1. LOS EXPERTOS

El gobierno ha sido asesorado por “expertos”, esa condición mágica que se otorga a determinados individuos a los que se les supone infalibilidad papal. El caso es que los expertos designados por el Gobierno de España son epidemiólogos, microbiólogos y otras especialidades biomédicas o socio-médicas. Pero entre ellos abundan los funcionarios de la salud, que en su juventud realizaron tesis doctorales más o menos relacionadas con el tema de enfermedades infecciosas, pero la mayor parte de su vida han sido burócratas de organismos públicos, tanto nacionales como internacionales, y como no, adornados por esa medalla de “Asesor de Tal Comité”, cuanto más rimbombante el nombre mejor, aunque el organismo no tenga funciones muy claras. En su grado máximo tenemos al telepredicador Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, un político eritreo con ciertas turbideces en su pasado.

Estos expertos han forzado a un gobierno bastante novato a establecer en España un confinamiento sin matices (cosa que no han hecho otros países, salvo Italia y no tan duro como aquí). Todos ellos por su condición de funcionarios ven la economía como algo ajeno y distante, ellos cobran su sueldo siempre, y nunca como algo que afecta al señor que te trae el pan.

Uno tiene que ser inteligente y algo experto para elegir a sus expertos, y eso no se ha dado por parte de un gobierno bastante “paleto” en temas de biología. Los expertos que no han seguido el discurso oficial han sido poco escuchados, cuando no silenciados.

2) LOS PERIODISTOS

Capitaneados por ese modelo de periodismo que ya se llama las “anarosas”, en referencia a su miembro más destacado, Ana Rosa Quintana de Tele5, se establece una operación de propaganda y aleccionamiento social que es ya un modelo de experimento colectivo increíble. Desde las televisiones y radios se ha logrado confundir el fin y los medios. El confinamiento como fin, no como medio. Por ello, se hace obsesión con el “quédate en casa” sin atender a razones como:

  • ¿Por qué no puede ir un matrimonio juntos por la calle, cuando comparten espacio y cama en su casa el resto del día? Dijeron que era porque la carga viral se doblaba. Creo que pensaban en un modelo de “ametralladora salivar” bitubo.
  • En zonas rurales, como la Cordillera Cantábrica, donde encontrarse con un paisano es un milagro, ha sido inútil encerrar a la gente en casa.

Para las “anarosas” todo se ha ceñido a quedarse en casa, mientras ellas organizaban sabrosas tertulias con gente a un metro en el plató, o han enviado a equipos al IFEMA para, desde 200 metros, contarnos banalidades, como lo que se va a comer hoy en el hospital, o a entrevistar a un paciente recuperado en su alta. Haciendo programas como SALVAME, “esencial” para gestionar la crisis. Metiendo la pata hasta el corvejón al intentar explicarnos qué es una prueba predictiva y confundiendo sensibilidad y especificidad, y entrevistar a “fabricantes de kits” que no eran más que importadores. Exhibiendo una y otra vez las escenas de algunos perturbados quebrantadores del confinamiento y usándolas como ejemplo de lo que le puede pasar al quebrantador. Elevando a la categoría de regla lo que no es más que anécdota. Para ellos los quebrantadores son “insolidarios”, y los demás “muy solidarios”, aunque tengamos a veces el alma más negra que el túnel de Pajares sin luz.

Nos han bombardeado con un exhibicionismo de cursilería y escenas melifluas con tiernos infantes explicándonos por qué hay que quedarse en casa y que ellos son muy solidarios. Famosillos explicándonos como hacen la bullabesa con brandy en su casa o como hacen ejercicio en su gimnasio privado.

Estos periodistos tienen en común algo con los expertos: cobran todos los meses y además viven en gloriosas mansiones donde el confinamiento es relativo. Han sido propagandistas, pero no informadores, o sea no han sido “esenciales”.

3) LOS CIUDADANOS COLABORADORES

Como no podía faltar, muchos buenos ciudadanos se han erigido en policía de barrio a la caza del infractor, como la Miss Marple de Agatha Christie. Filman videos de otros ciudadanos que ellos consideran que no deberían estar en la calle o bien que están demasiado tiempo, sin caer en a cuenta de estar a su vez infringiendo la Ley de Protección de Datos. Jaleados por los periodistos anteriores a cumplir con su misión se lanzan a degüello a por todo lo que se mueva. No se trata tanto de una vigilancia sanitaria, la mayoría de ellos no distinguen entre un virus y una bacteria, sino de una reivindicación del “aquí nos fastidiamos todos”. Han llegado incluso a denunciar a vecinos por tomar el sol en una azotea privada, algo así como una especie de envidia. Y también han llegado a señalar a quienes no han hecho el aplauso obligatorio o han cantado el “Resistiré” a pleno pulmón, como años atrás se cantaba el Cara al Sol o la Internacional.

Las autoridades apoyan dicha visión, pues han sostenido con contumacia que no se pueden hacer excepciones, aplicando la misma regla a una gran ciudad con alta densidad de población que a una aldea de la Galicia profunda con un habitante por km2.

Con todo ello se ha sustituido el objetivo sanitario por el objetivo social. Y hemos conocido lo que tuvo que ser la Stasi en la antigua Alemania Oriental.

4) LAS FUERZAS DE ORDEN PÚBLICO

Muy especialmente las policías locales y los ayuntamientos se han lanzado a una persecución sin tregua del infractor, llegando a extremos de arbitrariedad rayanos en la prevaricación. Amparados en el estado de alarma han denunciado a ciudadanos según su criterio, como por ejemplo ir a comprar chocolate y no artículos de primera necesidad a su juicio. No han permitido circular y desplazarse a ciudadanos que han tenido la desgracia de ser autónomos y no poder justificar un centro de trabajo fijo y un contrato laboral, que es lo único que el policía puede entender. Incluso, algunos ayuntamientos han legislado a su aire, con ordenanzas fuera de su capacidad, como organizar quién puede salir y quien no. Por la Cañada Real no se ha visto mucho a las fuerzas de orden público.

España tiene el record de denuncias por este tema, más de medio millón, como si los españoles fueran los más delincuentes del mundo. El objetivo ya no era sanitario sino de afirmación de la autoridad y de esta forma atisbamos lo que es un estado policial.

5) LOS PORTAVOCES DEL GOBIERNO

Tenemos una rueda de prensa diaria en la que un teniente general, el JEMAD, nos lanza una arenga dedicada a tropa y marinería, porque esto es una guerra, y nos cuenta de forma monótona lo que han hecho el día anterior. Un alto mando de la Guardia Civil nos informa de las detenciones efectuadas sobre varios perturbados quebrantadores contumaces y sobre el robo de 30 kg de naranjas. Una funcionaria de Transportes nos informa que el tráfico en la A2 ha bajado un 40% y que el Aeropuerto de San Dimas no ha tenido vuelos ayer. Y el más deseado, Fernando Simón, nos ilustra en forma confusa sobre probable evolución de la epidemia, en un maremágnum de cifras, y sin aclarar gran cosa. Y es uno de los expertos antes mencionados.

Con todo ello se ha logrado causar unos daños de consecuencias atroces, cuando los hechos que presenta la tozuda Doña Realidad son:

  1. La explosión de contagios se dio entre el 15 y el 30 de marzo por el caos de urgencias en los hospitales donde se arracimaron miles de personas, tanto portadores del virus como no. Especialmente en la Comunidad de Madrid.
  2. Casi la mitad de los fallecidos son ancianos en residencias, esas instituciones mal dotadas asistencialmente y peor gestionadas operativamente, que no son más que un pre-almacén para el viaje al más allá. Han sido absolutamente abandonados, para ser claro y directo.
  3. Cerca de un 15% de los contagiados son personal sanitario que ha tenido que trabajar en condiciones suicidas. Esas personas volvían a sus casas con el virus puesto.
  4. Muy pocos contagios se producen por personas que están en la calle, bien trabajando o bien paseando (excluyo actos de masas públicos, como la manifestación del 8M, Vistalegre o el fútbol). El virus no está en el aire, está en las personas y se trasmite, por eso que llaman aerosoles respiratorios.

No parece que el riesgo sea que la gente salga a la calle, sino sobre todo son las situaciones de acumulación caótica de gente y la muy deficiente organización hospitalaria.

Y así, con las medidas más restrictivas de Europa, España logra el triste registro de tener la tasa más alta de contagiados por habitante y también de fallecidos. Nada es al azar. La gestión ha sido lamentable:

  1. En ningún momento ha habido una estrategia clara para la realización de pruebas diagnósticas in vitro, con total confusión entre pruebas de cribaje, pruebas de confirmación y pruebas de seguimiento (seroconversión). Oyendo al Dr Simón uno ya intuía que no está especialmente familiarizado con conceptos como “sensibilidad” y “especificidad”.
  2. A la hora de comprar pruebas (kits) se demostró que su experiencia en mercados internacionales de diagnósticos in vitro era nula. Y menos con proveedores tan correosos como las empresas chinas.
  3. Las compras de equipos de protección individual han sido no ya chapuceras, sino caóticas.
  4. Se despreció al sector privado de Análisis Clínicos, muy potente en España, por motivos ideológicos.
  5. El número de UCIs y de equipos de respiración asistida era notoriamente insuficiente para una población con edad tan avanzada como la española. Este hecho ha provocado un alto % de fallecidos. Muertos en condiciones espantosas de soledad y con pérdidas de cenizas y cadáveres.
  6. En el Reino de San Protocolo que es la España actual, no se ha definido un protocolo para contabilizar víctimas. Es decir, diferenciar entre “morir por coronavirus” y “morir con coronavirus”. De esta forma no se sabe con certeza, ni siquiera aproximada, cuantas víctimas, y contagiados hay por territorio ni en su totalidad.
  7. La existencia de 17 sistemas autonómicos en las CCAA no ha ayudado precisamente. Mientras en Madrid y Barcelona faltaban camas de UCI, sobraban en algunas zonas de Andalucía, Canarias y Galicia.  

Pero todo se ha centrado en el “Quédate en Casa”, sin mayores discusiones, y todo lo demás son pequeños detalles que ya iremos solucionando. Mientras países que han permitido pasear, ejercicio físico, trabajo y hasta cierta vida social no han presentado tasas de contagio y fallecimiento muy superiores, e incluso menores. Véase Alemania o Austria, o Suecia.

La crisis del COVID-19 ha tenido mucho de escandalera mediática. Mientras se habla de “catástrofe sin precedentes” se olvida que la gripe vulgar causa anualmente en España más de 15.000 muertos sin mayores dramas. Y en el mundo el SIDA, el viejo SIDA, sigue matando a cientos de miles en África Ecuatorial. Cada primavera el deshielo de los Himalayas se lleva por delante a decenas de miles de bangladesíes en el Delta del Ganges por inundaciones. Y el hambre crónica mata lentamente a millones de niños en los países más pobres, desde Eritrea a Burkina Faso. Pero no son europeos. Esta epidemia tiene algo distinto: ha afectado sobre todo a los países occidentales y eso la convierte en hecatombe bíblica.

LA SALUD O LA ECONOMÍA

En España, además, se ha instalado una absurda y maniquea dicotomía: La Salud o la Economía, tan falsa como todas las dicotomías. No es una o la otra, no hay que decidir, ambas van de la mano. Cuando la Economía sale por la puerta la Salud salta por la ventana. Sin ingresos privados no hay impuestos, y sin impuestos no hay Sanidad Pública, y tampoco UCIs, ni se pueden pagar los sueldos de los expertos y los gestores políticos.

Y ambas son compatibles. Pero el gobierno y sus cuerpos de apoyo mediático lo han centrado todo en el confinamiento, el cual va a provocar muchos más muertos en los próximos meses y años:

  1. Carencia de Vitamina D por falta de exposición solar
  2. Trastornos circulatorios por falta de ejercicio
  3. Afecciones Oculares y visuales por el encierro (no todos viven en casas con jardín)
  4. Muy especialmente la demora en revisiones e intervenciones médicas de otras enfermedades graves.
  5. Desnutrición por precariedad, o por directa pobreza.
  6. Trastornos psicológicos.

Unido a todo esto, carreras profesionales y proyectos de vida arruinados, relaciones sentimentales interrumpidas y pérdida de patrimonio (muchos planes de pensiones se han ido al garete).

Sin estas medidas draconianas y fuertemente ideologizadas, los resultados no hubieran sido muy distintos en cuanto a contagios y muertes, y no habría que lamentar la avalancha de muertes que se avecinan, mucho mayores que las del virus. Pero para ello hubiera hecho falta un país y un gobierno mucho más preparado. Además, a día de hoy, ya hablando del desconfinamiento, el gobierno no tiene nada claro cómo, cuando y donde.

En consecuencia, es una victoria pírrica, pues ganamos la batalla, pero perdemos la guerra a medio y largo plazo. El confinamiento ha sido la peor de las ideas. Como se dice de la cirugía, que es el fracaso de la Medicina, el confinamiento es el fracaso de la Epidemiología.

LAS CONSECUENCIAS MORALES

El gobierno ha saboreado lo que da de sí un estado de alarma, coqueteando con el de excepción e incluso con el de guerra. Y el tic autoritario ha aflorado sin complejos. Ha quedado claro que los españoles tienen el espíritu crítico atrofiado y se les puede controlar muy fácilmente. De ahí que nadie proteste por la arbitrariedad policial, ni que nadie ose cuestionar las medidas, so pena de ser tratado como hereje y propagador de bulos. Hay intentos de establecer una especie de Ministerio de La Verdad, construido con la ayuda de “Stasis” privadas. Se exige lealtad absoluta al Amado Líder, como en la Corea del Norte más extrema.

Nuestra democracia ha sido gravemente perjudicada

CONCLUSION

El COVID-19 ha causado miles de muertos en España, pero va a causar muchos más en el futuro inmediato gracias a un confinamiento sin depurar que nos hunde económica y civilmente.

El Rey Pirro del Epiro se lamenta por su victoria. Mientras las “anarosas” cantan y bailan exigiendo “quédate en casa”. Y el Coronel Aureliano Buendía, que comenzó 17 guerras civiles y las perdió todas.

Foto: Busto de Pirro